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¡He sobrevivido a la maternidad! De momento

¡Vaya tela! He tenido un bebé ¡HE TENIDO UN BEBÉ! Aun así, a pesar de repetirlo, me parece mentira, si no fuera por todo lo que he sufrido, llorado y vivido en estas últimas semanas. Eso sí que es real. Eso y que ahora solo doy medios abrazos, porque siempre tengo un brazo ocupado, claro. ¿Así es la maternidad? He llorado más que en toda mi vida junta y la mayor parte de las veces ni si quiera sabía por qué lo hacía, solo era un sentimiento fantasma y profundo que no podía detener, aunque si hay algo que destacar es la soledad, la sensación infinita de soledad, de no poder explicar, de no poder verbalizar y de no poder evitar o delegar todo ese dolor. La incomprensión exterior y ese apoyo que no estaba ahí también cuentan. En el hospital, cada persona que entraba a verme era para hacerme daño, la vía, los tactos, las sondas, la epidural, la cesárea y todo eso no mejora tras dar a luz. De repente te enfrentas a una imagen frente al espejo que no reconoces; hinchada, envejecida, cansada ...

Mi lista de los 40 se ha ido al garete

Cumplí los 40 años en confinamiento, encerrada en casa sola, con tres gatos y la mente desatada y llena de fantasías para los siguientes 10 años que completarían la década que estaba a punto de inaugurar. Ya sabes que la maternidad no entraba en mis planes, pero me acabo de dar cuenta de que además los ha desbaratado por completo. Ahora quedan solo unos pocos días para cumplir los 43 años y es justo recordar aquellos momentos para revivirlos de nuevo y, por qué no, recodificarlos en atención a los próximos acontecimientos. Aquí tienes la versión completa:  Mi lista de los 40 Voy a pegar aquí la parte que nos interesa y la iremos comentando: Cosas que tengo que hacer con 40 años: - Llevar de crucero a mi madre y mi hermana para tener una juerga desatada solo entre mujeres. Nunca hemos hecho algo así las tres y me encantaría disfrutar de ese tiempo con ellas, pero así, de vacaciones, sin preocupaciones a parte de "qué excursión escoger o en qué bar tomarnos el gintonic esta noche...

El fenómeno social del embarazo

Puede que todos los escritores tengamos ese punto de melodrama presente en nuestras descripciones, nuestras emociones o en la forma de procesar la vida. A mí, concretamente, me gusta más recurrir a la exageración, al humor y hablar de forma clara de todas esas cosas que nos sonrojan. Y como drama ya ha habido bastante, vamos a retomar un poco las risas y revivir todo eso que nos avergüenza del cuerpo humano. Aunque, para ser del todo franca, ahora mismo me resulta más fácil ceñirme a las afecciones del cuerpo humano embarazado, como es mi caso. ¡Ay! Y es que, es verte la prominente barriga de lejos y ya están todas recordando sus malas experiencias, sus dolores y sus historias personales para contártelas. Y cómo nos gusta dar consejos y emitir sentencias según nuestras propias vivencias y asimilaciones personales. Pero, cuando hay que hacerlo oficial, solo lees momentos románticos en los que "de repente noté una patada y morí de amor". Que digo yo ¿y qué notaste con todas las...

Te digo por fin adiós papá

Pues bueno, se fue mi padre, de la forma más definitiva y una pequeña esperanza murió con él, esa que creía que quizás algún día buscaría un acercamiento con nosotras, pero es posible que eso fuera siempre una ilusión sin sentido. Ahora ya no lo sabré. En la recta final de mi embarazo me planteo muchas cosas sobre la paternidad, como también me planteo la clase de mujer que soy o la madre que seré. Pero hay cosas que aún no comprendo. Cómo un padre pudo descargar su frustración con un niña que ni si quiera había alcanzado la adolescencia, con esas palabras tan duras que me dedicaba cuando estábamos a solas, "todo esto es culpa tuya", refiriéndose al cercano divorcio con mi madre.  Cómo fue capaz de burlarse de mi hermana una y otra vez con relación a su físico, insistiendo en que nadie la iba a querer o que parecía un barrilete. Cómo pudo, después de cumplirse varias semanas desde la separación, renunciar de forma unilateral a las visitas con nosotras, aludiendo a que había l...

Ese maravilloso mundo del embarazo (ironía ON)

Si esperas encontrar esa versión mística de lo que es un maravilloso embarazo o la exaltación del mágico milagro de crear vida dentro de ti, déjame decirte que no es aquí. Esto es más parecido a un paréntesis temporal en el que empiezas en un cierto momento vital y terminas en otro muy diferente, pero mientras tantos tienes que convivir con otro ser vivo en un único cuerpo que hasta ahora era solo tuyo, cediendo a sus caprichos y necesidades y permitiendo que un montón de kilos te colonicen para que el susodicho disponga de un mayor espacio para su comodidad y desarrollo. De hecho, creo que ese es un bueno punto de partida, la disparidad que se crea en tu interior cuando ves como el número de la báscula no deja de aumentar sin poder hacer nada por remediarlo, al contrario, debes ceder a ese aumento de peso supuestamente temporal, como resultado lógico de que todo este proceso está yendo bien. Es difícil. Te miras y te cuesta verte, sobre todo en esos primeros meses en los que empieza l...

Tengo sobrepeso, 42 años y estoy embarazada

He empezado como creo que lo haría cualquier persona en una sesión de terapia, solo que aquí eres tú quien está al otro lado. Espero que no te importe. Desde los 30 años sabía que mi reserva ovárica era baja; desde los 39 sabía que uno de mi ovarios (el derecho) no funcionaba; desde los 40 sabía que la maternidad no era para mí y que no quería renunciar a toda mi actividad laboral o empresarial y a los 42 me he visto valorando si quería seguir adelante o no. Me encontraba en un momento frágil pero fuerte, porque quería cambiar de trabajo antes de que la nueva administración dilapidara todo lo que yo había hecho por la empresa en los últimos dos años y a esto se suma que también había vuelto a ir al gimnasio, con lo que estaba recuperando esa fe en mí que podía llevarme a donde yo quisiera.  Mi chico y yo vivimos cada uno en su casa, respetando nuestros espacios y disfrutando de los ratos juntos y, bueno, tenía tres libros empezados que quería que pronto vieran la luz, mientras part...

Empleo, empleadores y autoempleo

Vamos a revivir el culebrón de la temporada, ese que habla de por qué mi trabajo iba bien, después no, después sí, no, sí, no, sí y al final se acabó. Todo muy curioso. Aunque lo cierto es que no vale la pena, porque resulta frustrante tener las claves y no poder usarlas, mientras ves cómo afecta eso a un montón de familias o a otras empresas, clientes y proveedores, que formaban parte de nuestra misma cadena comercial. Trabajar en una empresa, ver cómo pierde dinero por los rincones, tener soluciones y no poder hacer nada al respecto... En fin. Llega un momento en que hay que respirar hondo, echarse a un lado y resignarse, porque al final el negocio no es mío y debo asumir mis limitaciones y bueno, tratar de amortiguar el golpe lo más posible. Más que un culebrón es un drama, pero al más puro estilo Falcon Crest, con lucha de poder incluida. ¿El error principal? Que las empresas familiares no sigan una profesionalización coherente por el bien del negocio, dejando a un lado rencillas p...