Si hay algo que nos cuesta más en general, eso son los cambios y, salvo contadas excepciones, todos nos mostramos reticentes a ellos e incluso nos dejamos llevar un poco por la rueda de la rutina para evitarlos. Y en ese típico "a ver qué pasa", cuando por fin nos decidimos, podemos acabar peor que empezamos, nunca se sabe, pero de equivocarse se aprende. Bueno, excepto los que luchan activamente contra dichos cambios, claro, ahí no hay opción. Imagina el tiempo que hace desde que nuestras abuelas empezaron a hacer sus pinitos en el mercado laboral. Algunas por obligación, tras quedarse viudas o al tener que ocuparse de padres e hijos. Y otras por convicción o deseo innato, como una vía para contribuir, para ser de utilidad a otros, para desarrollarse, para realizarse o para ganar en autonomía y, por ende, en independencia. No creo que fuera fácil. Todos hemos conocido, a lo largo de la historia de la humanidad, ejemplos de personas adelantadas a su tiempo, libre pensadoras o...
En este blog voy a hablar de barbaridades, de todas las que me apetezca. Comentaré situaciones de todo tipo, mi experiencia con Tinder, los achaques que me surjan y todo lo que me dé la gana.