Seguro que si has vivido ya varias décadas, como yo, ya eres capaz de diferenciar comportamientos generacionales o al menos, observar diferencias entre unas y otras personas. Y los que nacimos entre los años 65 o primeros de los 80, crecimos escuchando algunas versiones de estas frases: «hay que ser responsable», «primero termina lo que tienes que hacer», «no seas egoísta», «Ayuda a tu hermana», «llama a tu abuela», «no contestes», «aguanta un poco» o «ya descansarás». ¿Te suenan? A mí más de una, lo reconozco y alguna que otra más. Y lo mejor es que, una de las grandes máximas educativas de nuestra generación era algo así como «porque hay que hacerlo», sin más explicaciones. Las cosas simplemente se hacían. Y entre unas y otras, procurábamos no molestar demasiado mientras aprendíamos bastante pronto que ser una «buena chica» tenía mucho que ver con pensar en los demás. Sí, eso sin duda funcionó. El problema es que algunas aprendimos tan bien a cuidar, responsabilizarnos y aguanta...
¿Alguna vez te has dicho a ti misma "ojalá tuviera más motivación"? Yo también he pensado algo así, creyendo que ese era el problema; yo quería pero no estaba motivada o necesitaba más fuerza de voluntad. Y mientras, veía que otras personas podían levantarse temprano, hacer ejercicio o comer bien, tal y como se hubieran propuesto anteriormente. Qué envidia ¿no? Nos vendieron una idea equivocada de la motivación En nuestro contexto es así y recibimos muchos mensajes que aseguran que, si encontramos la motivación adecuada, todo será más fácil. Claro ¿entonces cómo funciona? ¿Un día nos levantaremos con energía, dejaremos de procrastinar, entrenaremos como si fuera un placer y escogeremos conscientemente una comida más sana? ¿Me falta mucho para ese día? En realidad, no creo que las personas que consiguen mantener hábitos saludables durante años tengan la misma motivación todos los días, hasta el más centrado tiene días malos. Pero sí que han aprendido a actuar a pesar de esos d...