Deja de castigarte porque no se trata de fuerza de voluntad y tampoco es que no sepas cuidar de ti misma. Comer por ansiedad es una respuesta aprendida, que se ha convertido en automática y que resulta muy eficaz, pero claro, eficaz hasta que deja de serlo y se convierte en un lastre para ti, tu cuerpo, tu bienestar o tus metas. Y no, la comida no es el problema, pero sí lo que intentas tapar con esa comida, lo que quieres acallar con ella. Pero, como te he dicho, es algo aprendido y por eso mismo, si quieres, vas a poder reconocer el momento exacto en el que recurres a este impulso y así cortarlo sin castigarte después. Te ayudo. Alimentación emocional: cuando no es hambre, es otra cosa El hambre real avisa con tiempo , crece poco a poco si no le haces caso, se calma con casi cualquier comida y desaparece al comer. Pero la ansiedad no funciona así. La ansiedad llega de golpe, pide cosas concretas (como dulce, salado, cantidad) y no se sacia después de ingerir tu festín, solo se adorme...
Lo he hecho, he empezado a salir del cascarón ¡ya tocaba! Mi prioridad absoluta es la crianza y en los primeros dos años la dependencia era total, aunque en ambas direcciones. Reconozco que estaba posponiendo muchas actividades y supeditando otras a que ella, mi hija, empezara a ir al colegio y ¡ya lleva 4 meses! Es momento de ampliar mis actividades sociales, porque, como dice mi psicólogo "no todo lo que hagas debe estar orientado a producir más". Uno de los primeros placeres que me permití fue darme un masaje, por recomendación de mi amigo Fernando, desde aquí: gracias. Que nos toquen con cuidado, que nos permitan relajarnos y vaciar la mente y que nos reseteen el cuerpo es de verdad uno de los placeres más agradables que hay. Sobre todo teniendo en cuenta que las madres tenemos dolores habituales en cada rincón, fruto de coger a la bebé (de más 12 kilos), las malas posturas en la cama o mientras damos el pecho y un largo etcétera de malos hábitos físicos para adaptarnos a...