Debo confesar que, hasta hace relativamente poco tiempo, pertenecía a una escuela cosmética bastante sencilla: me lavaba la cara y a correr y alguna vez, si me acordaba, me ponía una hidratante, pero te aseguro que eso pasaba unas dos o tres veces al meses y porque al reír me notaba la cara tirante, como si se me fuera a cuartear. Fin. De acuerdo, no puedo decir que eso era una rutina de skin care exactamente, quizá más bien un pequeño mantenimiento. Pero claro, todo cambia y todo llega. De repente, me veo con 46 años, así del tirón y pasan dos cosas; una es que quiero colocarme de vez en cuando en el centro de mis prioridades, como debe ser y la otra, que ¡tengo ya 46 años! No sé si hace falta que te dé más detalles. Mi interés por mantener un poco mejor el estado de conservación de mi cara está creciendo por momentos y en mi ignorancia por las novedades cosméticas descubro que lavarse la cara e hidratarse parece haberse convertido en una irresponsabilidad temeraria. ¿Cuánd...
El otro día tuve que esperar, nada dramático, solo una espera más. Y casi automáticamente saqué el móvil y busqué una aplicación, pero fíjate en el gesto. Después lo pensé ¿en qué momento cinco minutos sin hacer nada se convirtieron en un problema que había que solucionar? Ahora esperamos mirando el móvil, comemos viendo algo, caminamos escuchando algo, conducimos con música, con un podcast o con un audiolibro... ¿Ves a qué me refiero? Y lo peor, si una página tarda tres segundos en cargar, empezamos a sospechar que internet ha colapsado o simplemente la cerramos y buscamos otra. Así nos pasamos la vida buscando "esas soluciones"; si hace calor, aire acondicionado, si hace frío calefacción, si tenemos hambre podemos conseguir comida casi inmediatamente... Nunca en la historia habíamos tenido tantas herramientas para evitar pequeñas incomodidades y tan rápidas y aun así, la sensación es que cada vez nos cuesta más soportarlas . Siempre que pienso en esto me viene a la mente ...