Hay algo maravilloso en observar cómo un niño descubre el mundo y a mí no deja de fascinarme. Una piedra puede convertirse en un tesoro. Un charco, en una aventura. Un caracol, en el protagonista absoluto de una mañana. Y una excursión al bosque o por el río pueden resultar mucho más emocionantes que cualquier parque de atracciones. A veces pienso que los adultos hemos olvidado lo extraordinario que puede resultar lo cotidiano cuando lo miramos por primera vez . Y precisamente por eso creo que una de las cosas más bonitas que podemos ofrecer a nuestros hijos no son juguetes, actividades carísimas ni agendas llenas de compromisos. Son experiencias. La infancia necesita descubrir, no solo entretenerse Vivimos rodeados de posibilidades para entretener a los niños y mucho más cerca de lo que creemos. Dibujos, videojuegos, juguetes interactivos, espectáculos, parques infantiles... Y todo eso puede tener su lugar, no se puede ir contra el mundo. Pero hay una diferencia enorme entre entretene...
Vivimos en una sociedad que habla más que nunca de salud mental, bienestar emocional y crianza respetuosa. Sin embargo, algo parece estar fallando. ¿Estamos preparando a nuestros hijos para afrontar la vida o intentando evitarles cualquier incomodidad? Este fin de semana conocí a una niña de diez años que me hizo reflexionar sobre algo que llevaba tiempo rondándome la cabeza. Ella estaba viendo dibujos animados en una plataforma de televisión. Nada extraordinario, aparentemente. Pero había algo en su comportamiento que me llamó la atención: saltaba las cabeceras para no perder segundos, cambiaba de episodio antes de que terminara el anterior y parecía necesitar que todo sucediera inmediatamente. Sin esperas. Sin pausas. Sin esos pequeños espacios en los que, sencillamente, no ocurre nada. Tengo una hija de tres años y comprendo perfectamente su impaciencia. A esa edad, esperar es una habilidad que todavía se está desarrollando. Pero observar aquel comportamiento en una niña de diez año...