Esto me cabrea, me cabrea o me sorprende, no sabría decirte. Porque quizá nos dieron un manual equivocado sin querer o quizá no se molestaron en corroborar lo que ponía antes de contárnoslo a las mujeres. Durante años crecimos escuchando verdades que parecían indiscutibles, como que si tenías sobrepeso no debías correr porque ibas a destrozarte las rodillas; que las agujetas eran ácido láctico cristalizado; que había que comer muchas veces al día, pero poca cantidad, para “activar el metabolismo”; que ayunar era una especie de truco elegante contra el envejecimiento y las gorduras; que el frío fortalecía el sistema inmunológico o que entrenar en ayunas era casi una medalla de disciplina hacia la vía rápida del adelgazamiento. Y ahora, de repente, la ciencia empieza a matizar, corregir o directamente desmontar muchas de esas ideas. Y me dirás que es normal porque antes se sabía menos o que la ciencia avanza rápido, pero la verdad es que no es del todo cierto. Lo que pasaba es que durant...
Hay días en los que, lo que de verdad te agota, es decidir; decidir qué comer, qué comprar, qué cita médica hay que pedir, qué regalo gustará más, qué ropa necesita tu hija, qué tarea es la más urgente, qué factura pagar... Qué hacer con tu futuro. Y de repente, te quedas mirando la carta de un restaurante y eres incapaz de elegir ¿por qué pasa eso si no eres una persona indecisa? Porque estás agotada de pensar. ¿Te ha pasado alguna vez? La fatiga de decisión existe De un tiempo a estar parte, además del estrés o la ansiedad, empieza a estudiarse un fenómeno mucho más cotidiano: la fatiga de decisión. Porque nuestro cerebro tiene una capacidad limitada para tomar decisiones de forma consciente y cada elección consume recursos mentales. Y aunque elegir entre pasta o arroz parezca una tontería, el problema aparece cuando llevas todo el día decidiendo. Y es que, puede que antes de llegar a casa, ya hayas decidido: cómo organizar el trabajo, cómo gestionar un problema familiar, qué hacer c...