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¿Estamos criando niños que no saben esperar? Crianza y frustración

Vivimos en una sociedad que habla más que nunca de salud mental, bienestar emocional y crianza respetuosa. Sin embargo, algo parece estar fallando. ¿Estamos preparando a nuestros hijos para afrontar la vida o intentando evitarles cualquier incomodidad? Este fin de semana conocí a una niña de diez años que me hizo reflexionar sobre algo que llevaba tiempo rondándome la cabeza. Ella estaba viendo dibujos animados en una plataforma de televisión. Nada extraordinario, aparentemente. Pero había algo en su comportamiento que me llamó la atención: saltaba las cabeceras para no perder segundos, cambiaba de episodio antes de que terminara el anterior y parecía necesitar que todo sucediera inmediatamente. Sin esperas. Sin pausas. Sin esos pequeños espacios en los que, sencillamente, no ocurre nada. Tengo una hija de tres años y comprendo perfectamente su impaciencia. A esa edad, esperar es una habilidad que todavía se está desarrollando. Pero observar aquel comportamiento en una niña de diez año...
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La vida no cambia cuando desaparece el miedo, cambia cuando te mueves

En unos días se emitirá el último episodio de la quinta temporada del podcast que puse en marcha hace ya un año y medio. Y cuando empecé con este proyecto, cuando salió  Reprograma tu mente para el éxito , la idea era sencilla: crear pequeñas conversaciones capaces de hacerte pensar y ofrecerte diferentes puntos de vista. No pretendía tener todas las respuestas y sigo sin tenerlas. De hecho, cuantos más años cumplo, más sospecho que una parte importante de madurar consiste precisamente en dejar de necesitar respuestas para todo . Pero sí que quería hacer algo. Quería hablar de esas cosas que nos pasan por dentro mientras por fuera seguimos rodando por la vida, como si supiéramos perfectamente qué estamos haciendo. Y así, conversación tras conversación, episodio tras episodio, hemos llegado al final de la quinta temporada. Cinco temporadas, 80 episodios semanales, muchas horas frente al micrófono y muchas más buscando, escribiendo y editando y una idea que cada vez parece más clara,...

A los cuarenta y tantos solo quiero estar viva

Estaría bien adelgazar cinco kilos o veinticinco, pero no quiero que esto se convierta en un lastre diario. Bueno, a ver. Si desaparecieran misteriosamente mientras duermo tampoco voy a presentar una reclamación, solo digo que no quiero pasarme los próximos años pensando que mi cuerpo es un proyecto pendiente de reforma . Tampoco quiero una piel sin arrugas, una casa siempre recogida, una alimentación impoluta, una agenda perfectamente organizada, abdominales visibles, el armario por colores y una rutina de mañana que empiece a las cinco y media con agua templada con limón, meditación y gratitud. A las cinco y media yo siento gratitud si estoy durmiendo todavía y mi hija no me ha despertado pidiendo tetita o para que le cambie por una fuga de pis. Y bueno, qué se le va a hacer, últimamente pienso mucho en esto, en todo esto. Tenemos una vida entera dedicada a conseguir cosas, mejorar cosas, arreglar cosas y prepararnos para cosas que ocurrirán después. Yo miro mi armario o mi reflejo e...

No echo de menos ser joven, solo preocuparme menos

Hace poco me encontré con unos comentarios de Monica Bellucci que me encantaron. En una entrevista dijo que no volvería a tener 20 años por nada del mundo. Y yo siento lo mismo. Creo que cuando somos más jóvenes todavía tenemos que descubrir quienes somos, mientras que con los años empezamos a saber qué necesitamos y  de qué puedes prescindir . Así que no volvería a los 20 ni a los 25 y posiblemente tampoco a los 30, aunque hubo cosas maravillosas en aquellos años. Lo único que echo de menos de ser joven es  preocuparme menos por determinadas cosas.  Aunque pensándolo bien, quizá ni siquiera me preocupaba menos, quizá solo  me preocupaba por cosas diferentes . A los 20 tenía más tiempo, pero mucha más prisa Cuando eres joven parece que tenemos toda la vida por delante y, sin embargo, tenemos una prisa tremenda. Queremos encontrar pareja, conseguir trabajo, independizarnos, tener dinero, descubrir quiénes somos, demostrar que podemos ¡no se acaba nunca! Pero a los 40 ...

Skin care después de los 40: no necesitas diez productos sino saber lo que estás haciendo

Debo confesar que, hasta hace relativamente poco tiempo, pertenecía a una escuela cosmética bastante sencilla: me lavaba la cara y a correr y alguna vez, si me acordaba, me ponía una hidratante, pero te aseguro que eso pasaba unas dos o tres veces al meses y porque al reír me notaba la cara tirante, como si se me fuera a cuartear.  Fin. De acuerdo, no puedo decir que eso era una rutina de  skin care exactamente, quizá más bien un pequeño mantenimiento. Pero claro, todo cambia y todo llega. De repente, me veo con 46 años, así del tirón y pasan dos cosas; una es que quiero colocarme de vez en cuando en el centro de mis prioridades, como debe ser y la otra, que ¡tengo ya 46 años! No sé si hace falta que te dé más detalles. Mi interés por mantener un poco mejor el estado de conservación de mi cara está creciendo por momentos y en mi ignorancia por las novedades cosméticas descubro que lavarse la cara e hidratarse parece haberse convertido en una irresponsabilidad temeraria. ¿Cuánd...

Vivimos mejor... Pero cada vez toleramos menos la incomodidad

El otro día tuve que esperar, nada dramático, solo una espera más. Y casi automáticamente saqué el móvil y busqué una aplicación, pero fíjate en el gesto. Después lo pensé  ¿en qué momento cinco minutos sin hacer nada se convirtieron en un problema que había que solucionar? Ahora esperamos mirando el móvil, comemos viendo algo, caminamos escuchando algo, conducimos con música, con un podcast o con un audiolibro... ¿Ves a qué me refiero? Y lo peor, si una página tarda tres segundos en cargar, empezamos a sospechar que internet ha colapsado o simplemente la cerramos y buscamos otra. Así nos pasamos la vida buscando "esas soluciones"; si hace calor, aire acondicionado, si hace frío calefacción, si tenemos hambre podemos conseguir comida casi inmediatamente... Nunca en la historia habíamos tenido tantas herramientas para evitar pequeñas incomodidades y tan rápidas y aun así, la sensación es que  cada vez nos cuesta más soportarlas . Siempre que pienso en esto me viene a la mente ...

¿Se suponía que en verano teníamos que descansar?

No sé exactamente en qué momento decidimos que las vacaciones eran para descansar.  Debió de ser antes de tener hijos, familia, casas, compromisos, maletas, lavadoras y un grupo de WhatsApp preguntando a qué hora quedamos mañana. Porque llega finales de agosto y, si a estas alturas deberíamos sentirnos renovadas, bronceadas, descansadas y con una energía extraordinaria para afrontar septiembre, yo debo haberme perdido algo. Y por otra parte  ¿descansadas de qué?  Porque hay veranos en los que una vuelve necesitando vacaciones de las vacaciones. El descanso también se convirtió en una expectativa Nos pasa con casi todo, que parece que no nos basta solo con vivir, que siempre tenemos que hacerlo de la forma más correcta. Y las vacaciones oficialmente deberían ser para desconectar, pasar tiempo de calidad con la familia, viajar, leer, ordenar la casa, socializar, cuidarnos... En fin, todo eso que ya sabemos. Y, francamente ¿tú llegas? Pues yo tampoco. Cambiar de obligaciones...