No pretendía tener todas las respuestas y sigo sin tenerlas. De hecho, cuantos más años cumplo, más sospecho que una parte importante de madurar consiste precisamente en dejar de necesitar respuestas para todo. Pero sí que quería hacer algo.
Quería hablar de esas cosas que nos pasan por dentro mientras por fuera seguimos rodando por la vida, como si supiéramos perfectamente qué estamos haciendo. Y así, conversación tras conversación, episodio tras episodio, hemos llegado al final de la quinta temporada.
Cinco temporadas, 80 episodios semanales, muchas horas frente al micrófono y muchas más buscando, escribiendo y editando y una idea que cada vez parece más clara, que la vida puede cambiar muchísimo cuando empezamos a mirarla de otra manera.
Nunca quise decirte cómo tenías que vivir
Quizá esa fuera la finalidad más importante, el hecho de no darte instrucciones ni decirte que tienes que levantarte a las cinco de la mañana, meditar, beber dos litros de agua, visualizar tu futuro y tener resuelta tu existencia antes del desayuno.
Quería hacer algo mucho más sencillo, algo que de verdad pudiera facilitar tu vida, aligerar el peso sobre tus hombros y minimizar tus problemas para que fueran más sencillos de manejar.
Te he planteado preguntas como ¿por qué reaccionamos así? ¿Por qué seguimos haciendo algo que sabemos que nos hace daño? ¿Por qué necesitamos tanto la aprobación de determinadas personas? ¿Por qué nos cuesta poner límites? ¿Por qué algunas veces confundimos amor con dependencia? ¿Por qué posponemos aquello que queremos? ¿Por qué nos hablamos de una manera en la que jamás hablaríamos a alguien que queremos? ¿Por qué tenemos tanto miedo de cambiar?
Porque a veces una buena pregunta hace bastante más por nosotros que cien consejos.
Reprogramar tu mente no significa convertirte en otra persona
El nombre del podcast puede llevar a pensar que existe una versión mejor de ti esperando ser desbloqueada, como una especie de Vanesa 2.0 Premium, sin inseguridades, malos días ni decisiones absurdas. Pero no es así, por suerte.
Yo no quiero convertirme en una persona que nunca tenga miedo, pero sí que quiero poder hacer cosas aunque lo tenta; no quiero dejar de equivocarme, pero quiero equivocarme mejor; no quiero vivir sin problemas, pero quiero tener más recursos cuando éstos aparezcan.
Quiero entender mis emociones sin permitir que sean todas ellas las conduzcan el coche que me lleva por la vida. Y todo esto es para mí evolucionar. Como ves, no se trata se convertirme o convertirnos en alguien diferente, sino de ampliar la persona que ya somos, su visión, sus horizontes, sus capacidades, sus respuestas, sus registros.
Cinco temporadas hablando, en realidad, de una sola cosa
Si miro hacia atrás, hemos hablado de éxito, relaciones, límites, pensamientos, emociones, decisiones, miedo, autoestima, tiempo, trabajo, identidad, hábitos y muchas otras cosas.
Y parecen temas diferentes, pero en el fondo creo que llevamos cinco temporadas hablando de lo mismo, hablando de cómo vivir de una manera más consciente; de cómo dejar de funcionar permanentemente en automático, de cómo detectar cuándo una historia que nos contamos está condicionando nuestra vida, de cómo relacionarnos mejor con los demás sin desaparecer nosotras, de cómo aprender a estar solas, a decidir, a marcharnos, a quedarnos o a empezar.
Y, sobre todo, de cómo comprender que nuestra vida no es algo que simplemente nos sucede, porque podemos ser protagonistas en ella e invertir a favor de nuestros objetivos.
Hay algo que quiero decirte ahora que termina esta temporada
Muévete. Aunque no puedo decirte hacia dónde, mejor decídelo tú, pero muévete.
Si llevas años pensando en estudiar algo, mira qué necesitas para matricularte.
Si quieres escribir, abre un documento y empieza.
Si quieres montar un negocio, investigar, haz estimaciones, busca, compara, aprende.
Si quieres cambiar de trabajo, actualiza tu currículum.
Si quieres ponerte fuerte, empieza con diez minutos.
Si quieres aprender inglés, aprende hoy cinco palabras.
Si llevas meses queriendo llamar a alguien, llama, no esperes otro más.
Si necesitas cerrar una etapa, empieza a cerrarla ya, ponle fin.
Si quieres comenzar algo que te parece completamente absurdo pero te hace ilusión... especialmente eso.
Porque tenemos una tendencia increíble a esperar el momento adecuado y ese momento puede que nunca llegue, así que ¿por qué no hoy y así lo haces tú posible?
No necesitas sentirte preparada
Esta es probablemente una de las mayores trampas adultas y quizá una de las cosas que más he repetido. Si piensas:
Cuando tenga más confianza lo haré.
Cuando sepa más empezaré.
Cuando tenga dinero me pongo con eso.
Cuando tenga tiempo se lo dedicaré a tal cosa o empezaré tal otra.
Cuando los niños crezcan. Cuando tenga menos trabajo. Cuando desaparezca el miedo....
No.
Esa seguridad que buscas aparecerá después, tras dar los primeros pasos, cuando ya no tengas dudas. Por eso primero debes hacerlo (con miedo) y después de empezar descubrirás que sí que podías, que podías desde el principio y es entonces cuando puedes seguir adelante.
Y poco a poco aquello que parecía enorme empieza a formar parte de tu vida. Así que no esperes a sentirte preparada para empezar. A veces empezamos precisamente para llegar a estar preparadas.
Y sí, puedes empezar a cualquier edad
Esto cada vez me importa más. Porque existe una idea bastante absurda según la cual tenemos una pequeña ventana temporal para construir nuestra vida y nada más lejos de la realidad.
Te dicen que debes estudiar de joven, encontrar una profesión, una pareja, tener hijos, comprar una casa y después de construir todo eso parece que solo queda mantener correctamente todo el inventario hasta la jubilación ¿en serio? ¿Pretendes pasar media vida rodando dentro de ese diseño cerrado?
Pues vaya plan.
Déjame decirte que, si quieres, también puedes empezar un proyecto a los 46 o cambiar de profesión a los 52 o enamorarte a los 61 o aprender algo nuevo a los 70 o entrar en la universidad a los 72 o escribir tu primer libro a los 75 o viajar sola por primera vez a los 80.
No porque «la edad sea solo un número». La edad es bastante más que un número: es tiempo vivido, experiencia, cambios físicos, circunstancias y realidad. Pero ninguna edad trae incorporada una orden que diga que ya no puedes empezar más.
Mientras estés aquí, todavía pueden ocurrir cosas que no han ocurrido nunca y eso es lo más extraordinario.
No tienes que empezar de cero
Además, hay algo que olvidamos cuando hablamos de comenzar otra vez. Y es que, a los 40, 50 o 60 años no empiezas desde cero, empiezas con todo lo aprendido. Porque te acompañan tus errores, tus contactos, tus habilidades, tus aciertos y mucho más.
Ahora tienes una capacidad mucho mayor para detectar ciertas estupideces a distancia, tienes menos ingenuidad y más perspectiva y personalmente considero que es un intercambio bastante aceptable.
Recupera la ilusión por algo
No tienes que meterme en un gran proyecto, que parece que estemos acostumbradas a pensar siempre en términos enormes, como cambiar de vida, reinventarse, encontrar el propósito vital o monetizar nuestra pasión.
Por favor, bajemos un poco al mundo real. A veces basta con tener ganas de que llegue el jueves porque has empezado un curso de cerámica. Así que prueba, busca ¿quieres aprender a bailar, cultivar tomates, pintar, leer sobre astronomía, hacer una ruta, preparar un viaje?
La ilusión no tiene que ser productiva ni rentable ni impresionante. Solo tiene que hacer que tengas ganas de seguir viviendo cosas y eso es muy poderoso.
La curiosidad también es una forma de juventud
Cada vez estoy más convencida de esto. No creo que envejezcamos únicamente porque aparezcan arrugas. Envejecemos un poco cuando dejamos de preguntarnos: ¿Y si pruebo? ¿Y esto cómo funciona? ¿Qué pasaría si...? ¿Sería capaz? ¿Y por qué no?
Quiero conservar estas preguntas y seguir aprendiendo cosas que no necesito y conocer a nuevas personas y cambiar de opinión y empezar nuevos proyectos y meterme en algún lío razonable y descubrir cosas que todavía no sé que me gustan. Lo quiero.
Porque quizá una de las mejores maneras de seguir sintiéndonos vivas sea seguir dejando espacio para que la vida nos sorprenda.
Cinco temporadas después, sigo creyendo en las pequeñas conversaciones
Porque una conversación quizá no cambie tu vida, pero puede cambiar una idea y una idea puede cambiar una decisión y una decisión puede cambiar un hábito y un hábito puede cambiar una relación y una relación puede cambiar una etapa y una etapa puede terminar cambiando una vida entera.
Por eso sigo hablando y sigo escribiendo y sigo aprendiendo. Porque creo profundamente en nuestra capacidad para mirar algo que llevamos años viendo y, de repente, verlo de otra manera. Y a veces eso basta para empezar.
Así que este no es un final
Termina la quinta temporada de Reprograma tu mente para el éxito y me gusta pensar que el objetivo nunca fue que escucharas todos los episodios, sino que alguno de ellos te acompañara justo cuando lo necesitabas.
Que alguna frase se quedara contigo o alguna pregunta te molestara o algo te hiciera reconsiderar una decisión. Y después de eso viene la parte verdaderamente interesante, la de seguir.
Todavía te quedan muchas primeras veces
No sé cuántos años tienes mientras lees esto, pero sé que todavía hay personas a las que no conoces y lugares a los que no has ido y libros que no has leído y conversaciones que no has tenido y cosas que aún no sabes hacer.
No has terminado.
Así que no esperes más, porque cualquier momento puede ser bueno para volver a sentir ilusión por algo.
Nos seguimos escuchando. Y, sobre todo, nos seguimos moviendo.
Y ahora te pregunto, si dejaras durante un momento a un lado la edad, el miedo y el «ya veremos» ¿qué te haría ilusión empezar?

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