No sé exactamente en qué momento decidimos que las vacaciones eran para descansar. Debió de ser antes de tener hijos, familia, casas, compromisos, maletas, lavadoras y un grupo de WhatsApp preguntando a qué hora quedamos mañana. Porque llega finales de agosto y, si a estas alturas deberíamos sentirnos renovadas, bronceadas, descansadas y con una energía extraordinaria para afrontar septiembre, yo debo haberme perdido algo. Y por otra parte ¿descansadas de qué? Porque hay veranos en los que una vuelve necesitando vacaciones de las vacaciones. El descanso también se convirtió en una expectativa Nos pasa con casi todo, que parece que no nos basta solo con vivir, que siempre tenemos que hacerlo de la forma más correcta. Y las vacaciones oficialmente deberían ser para desconectar, pasar tiempo de calidad con la familia, viajar, leer, ordenar la casa, socializar, cuidarnos... En fin, todo eso que ya sabemos. Y, francamente ¿tú llegas? Pues yo tampoco. Cambiar de obligaciones...
En este blog voy a hablar de barbaridades, de todas las que me apetezca. Comentaré situaciones de todo tipo, mi experiencia con Tinder, los achaques que me surjan y todo lo que me dé la gana.