Debo confesar que, hasta hace relativamente poco tiempo, pertenecía a una escuela cosmética bastante sencilla: me lavaba la cara y a correr y alguna vez, si me acordaba, me ponía una hidratante, pero te aseguro que eso pasaba unas dos o tres veces al meses y porque al reír me notaba la cara tirante, como si se me fuera a cuartear.
Fin.
De acuerdo, no puedo decir que eso era una rutina de skin care exactamente, quizá más bien un pequeño mantenimiento. Pero claro, todo cambia y todo llega. De repente, me veo con 46 años, así del tirón y pasan dos cosas; una es que quiero colocarme de vez en cuando en el centro de mis prioridades, como debe ser y la otra, que ¡tengo ya 46 años! No sé si hace falta que te dé más detalles.
Mi interés por mantener un poco mejor el estado de conservación de mi cara está creciendo por momentos y en mi ignorancia por las novedades cosméticas descubro que lavarse la cara e hidratarse parece haberse convertido en una irresponsabilidad temeraria. ¿Cuándo ha pasado esto?
Ahora hay que hacer double cleansing, lo que se traduciría como una doble limpieza, usar tónico, esencia, sérum, vitamina C (la piel también se resfría), ácido hialurónico, exosomas, colágeno, contorno de ojos, alguna crema especial fabricada con no sé qué sofisticado ingrediente, protector solar, retinol, péptidos, niacinamida, ácido glicólico y alguna cosa más que seguramente acaba de salir mientras escribo esto.
Entonces empiezo a investigar y la situación empeora. Porque resulta que algunos productos no conviene utilizarlos juntos, otros se introducen progresivamente, unos se aplican por la mañana, otros por la noche y algunos solo determinados días de la semana.
Además, hay productos después de los cuales conviene esperar un rato hasta aplicar el siguiente y claro, todos siguen un orden específico.
¿En serio hay que aprender todo esto para tener buena cara?
Yo quería cuidarme un poco y llegar a los 50 con algo de dignidad, pero no preparar las oposiciones a dermatóloga.
¿De verdad necesitamos una rutina de skin care de diez pasos después de los 40?
No. Y si la respuesta correcta no es que no, me niego, me declaro en huelga.
La piel cambia con la edad, por supuesto. Tiende a volverse más seca, pierde progresivamente algunas de las estructuras que contribuyen a su firmeza y elasticidad y aparecen manchas, líneas de expresión y los efectos acumulados de años de exposición solar.
Pero eso no significa que necesitemos responder atacándola con medio departamento de cosmética del Druni (y eso que no te he dicho nada del yoga facial y el resto de aparatos de gimnasia para la cara).
De hecho, la recomendación básica de los dermatólogos es sorprendentemente sencilla: limpieza suave, hidratación y protección solar. La American Academy of Dermatology señala específicamente el protector solar y la hidratante como dos de los productos antiedad más eficaces con los que empezar. (Academia Americana de Dermatología)
Es decir, que quizá entre no hacer absolutamente nada y convertir el cuarto de baño en un laboratorio exista un territorio bastante sensato y coherente ¡ahí quiero vivir yo!
La rutina mínima que sí tiene sentido
Si eres como yo y sabes perfectamente que una rutina excesivamente larga durará aproximadamente hasta el próximo martes, empezaría por algo que realmente puedas mantener.
Por la mañana
1. Limpieza suave, cuando la necesites. Nada de intentar dejar la cara con sensación de haber sido desengrasada industrialmente. Una limpieza excesiva o agresiva puede favorecer sequedad e irritación.
2. Hidratante. Especialmente si notas la piel seca o tirante. Y si la aplicas sobre la piel ligeramente húmeda esto ayuda a retener agua.
3. Protector solar. Este sí merece un lugar privilegiado. Siempre de amplio espectro y SPF 30 o superior. La exposición ultravioleta participa en el envejecimiento cutáneo además de aumentar el riesgo de cáncer de piel. Esto se lo puedes comentar a tu dermatólogo de confianza.
Ya está. Rutina lista. Así te ahorras tener que ponerte la alarma a las 5:45 para arreglarte.
Por la noche
1. Limpiar. Especialmente para retirar maquillaje, protector solar, grasa y suciedad acumulada durante el día.
2. Hidratar. Y podrías perfectamente terminar aquí.
Enhorabuena. Has completado una rutina facial sin utilizar Excel ni una matriz de incompatibilidades.
¿Entonces los sérums y activos no sirven?
Aquí está el matiz importante. Que no necesitemos quince productos diferentes no significa que todos los demás sean inútiles. Porque algunos activos cuentan con bastante evidencia para objetivos concretos.
Los retinoides, por ejemplo, pueden mejorar líneas finas, pigmentación y textura y favorecen procesos relacionados con el colágeno (Harvard Health). Pero "funciona" no significa: «Cuanto más me ponga, mejor».
Los retinoides también pueden producir sequedad, enrojecimiento e irritación, especialmente cuando se empieza demasiado fuerte o se combinan alegremente con otros productos irritantes. Así que, si quieres ir más allá de la rutina básica, yo aplicaría una regla fácil de recordar: añade un producto porque sabes qué problema quieres tratar, no porque TikTok haya decidido que hoy todas necesitamos niacinamida.
El error de estrenar una cara nueva el lunes
Imagínate la situación, que seguro que nos ha pasado a muchas. Te vienes arriba. Compras limpiador, vitamina C, retinol, ácido glicólico, sérum hidratante, crema de noche y un exfoliante. Llega el lunes y empiezas con todo.
El miércoles tu cara está roja, el jueves te pica y el viernes ya no sabes cuál de los siete productos nuevos ha provocado la reacción. Así que el sábado vuelves a la crema hidratante que llevabas utilizando desde 2007.
¿Verdad que no sería la primera vez?
La recomendación dermatológica es precisamente introducir los productos de uno en uno. Utilizar varios tratamientos antiedad nuevos simultáneamente aumenta el riesgo de irritación y, además, hace mucho más difícil descubrir cuál te ha sentado mal.
En los negocios y en las empresas también se hace así: ensayo y error. Medidas nuevas de una en una para poder medir resultados y saber cuál está funcionando.
Así que, si vas a introducir un activo, dale tiempo a tu cara para que reaccione y observa tu piel. Después podrás decidir si realmente necesitas otro.
No pienses en tu cara como en una estantería que está pendiente de que la llenes.
Más picor no significa que esté funcionando más
Esto es muy de mi generación: «pica: pues debe ser porque está haciendo efecto». ¿A ti no te han dicho nunca que si pica es que cura? Pues voy a darte la sorpresa de tu vida, lo siento pero no, esto no tiene por qué ser así necesariamente. A veces, si pica significa que te está irritando la piel. De nada.
La AAD aconseja suspender los cosméticos que producen escozor o quemazón, salvo tratamientos prescritos en los que el dermatólogo haya advertido de esos efectos. Y también recomienda probar previamente los productos nuevos en una pequeña zona de piel. Como la primera vez que vas a hacerte el tinte y te ponen un poquito en el brazo con una tirita para ver qué pasa.
Y aquí viene algo irónico que seguro que te gusta: irritar continuamente la piel intentando que parezca más joven puede hacer que temporalmente sus signos de envejecimiento resulten más visibles. ¡Olé! Es como el efecto rebote de las dietas pero solo en la cara.
Y un excelente plan de negocio, no me lo puedes negar. Pero claro, solo para las marcas.
¿Y los ácidos, exfoliantes y demás familia?
Tampoco son necesariamente malos, va, vamos a valorarlos un poco. Aunque el problema vuelve a ser para qué, cuánto y con qué.
Los exfoliantes químicos pueden ser útiles para determinados problemas de textura o pigmentación. Pero exfoliar no constituye una necesidad fisiológica universal y abusar de estos productos puede dejar la piel irritada. Harvard Health señala, además, algo que deberíamos imprimir en algunas bolsas de cosméticos: no pasa nada por no exfoliarse.
No necesitamos eliminar continuamente capas de nuestra persona como si debajo fuera a aparecer nuestra versión de 1998. Spoiler: no está ahí, no la busques. Además, toda nuestra capa más externa de piel está formada por células muertas (sí, un poco gore, pero así somos).
Lo de esperar diez minutos entre cada producto
Aquí también podemos relajarnos bastante. No existe una regla universal que obligue a esperar cinco o diez minutos entre cada capa de una rutina cosmética.
Hay situaciones concretas en las que las instrucciones de determinado tratamiento recomiendan esperar. Por ejemplo, algunos dermatólogos aconsejan dejar secar bien la piel antes de ciertos retinoides para reducir irritación. Pero convertir cada rutina facial en: producto > cronómetro > producto > cronómetro > producto... No es una necesidad general de la piel.
Si para irme a dormir tengo que empezar a desmaquillarme a la hora de la merienda, personalmente hemos perdido el norte.
Entonces ¿qué hago si quiero empezar a cuidarme después de los 40?
Yo lo reduciría a cinco reglas.
Construye primero una rutina mínima que seas capaz de mantener: limpieza, hidratación y protección solar.
No estrenes cinco activos simultáneamente. Introduce uno y observa cómo responde tu piel.
Elige según una necesidad concreta. Sequedad, manchas, acné, textura, líneas... No necesitas tratar problemas que no tienes o abordar varios a la vez.
No confundas irritación con eficacia. Si tu piel protesta de verdad, préstale atención.
Si tienes rosácea, dermatitis, acné importante, pigmentación problemática, mucha sensibilidad o una reacción persistente, consulta a tu especialista antes de experimentar.
Y añadiría quizás una sexta: que no compres una rutina que sabes que no vas a seguir. Porque la mejor rutina del mundo sirve de bastante poco viviendo abandonada en un cajón.
La piel madura no necesita que le declaremos la guerra
Creo que aquí está el cambio de perspectiva que más me interesa. Porque el hecho de cumplir 40, 45, 50 o 60 no convierte nuestra cara en un problema dermatológico. Todas tenemos líneas a esa edad y manchas y cambios de textura.
La piel ya no responde exactamente igual que a los veinte. Pero es que esto es lo normal. También sabemos más cosas, tenemos historias mejores y probablemente bastante menos paciencia para perder cuarenta minutos delante del espejo.
Así que no me parece un acierto que cuidar nuestra piel suponga iniciar una guerra contra cualquier señal de la edad que tenemos. Mejor si significa mantenerla sana y, si algo concreto nos molesta, tratarlo con cabeza.
No necesitas una nueva rutina. Necesitas una vida donde quepas tú
Y aquí vuelvo al título que originó esta reflexión. Porque quizá esto no vaya únicamente de cosmética. Y es que tenemos una tendencia extraordinaria a convertir cualquier intento de cuidarnos en otra obligación.
Si no me crees observa los antecedentes: hay que hacer diez mil pasos, meditar, comer perfecto, entrenar fuerza, dormir ocho horas, leer, hacer ejercicios de suelo pélvico, cuidar nuestra salud mental... Y ahora aparentemente también necesitamos reservar dos franjas diarias para ejecutar correctamente una rutina facial digna de un protocolo de la NASA.
Pues no. ME NIE-GO.
El autocuidado que complica tanto tu vida que termina convirtiéndose en otra fuente de estrés merece, como mínimo, una revisión.
Y sí, yo quiero cuidarme y quiero cuidar mi piel y verme bien. Pero quiero hacerlo de una manera compatible con tener trabajo, familia, proyectos, sueño, días caóticos y alguna noche en la que lo máximo que puedo ofrecerle a mi cara es lavarla antes de caer rendida (o ni eso).
Y quizá esa sea una filosofía de autocuidado bastante más útil después de los 40: hacer menos cosas, pero saber por qué las hacemos. Y PODER MANTENERLAS EN EL TIEMPO.
Ahora cuéntame tú: ¿cuántos productos tiene tu rutina facial? ¿Eres del equipo «limpiador, crema y gracias» o ya necesitas un organigrama para saber qué toca esta noche? Te leo.

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