Hay días en los que, lo que de verdad te agota, es decidir; decidir qué comer, qué comprar, qué cita médica hay que pedir, qué regalo gustará más, qué ropa necesita tu hija, qué tarea es la más urgente, qué factura pagar... Qué hacer con tu futuro.
Y de repente, te quedas mirando la carta de un restaurante y eres incapaz de elegir ¿por qué pasa eso si no eres una persona indecisa? Porque estás agotada de pensar.
¿Te ha pasado alguna vez?
La fatiga de decisión existe
De un tiempo a estar parte, además del estrés o la ansiedad, empieza a estudiarse un fenómeno mucho más cotidiano: la fatiga de decisión. Porque nuestro cerebro tiene una capacidad limitada para tomar decisiones de forma consciente y cada elección consume recursos mentales.
Y aunque elegir entre pasta o arroz parezca una tontería, el problema aparece cuando llevas todo el día decidiendo. Y es que, puede que antes de llegar a casa, ya hayas decidido:
cómo organizar el trabajo,
cómo gestionar un problema familiar,
qué hacer con una factura inesperada,
cómo resolver un conflicto emocional,
qué tareas son prioritarias,
y cómo mantener funcionando una vida entera.
La carga invisible de pensar por todos
Muchas mujeres, además de llevar a cabo nuestras tareas habituales, sostenemos la planificación mental de todo lo que ocurre a nuestro alrededor y lo hacemos tan bien que muchas veces nadie se da cuenta de lo que estamos cargando en nuestras espaldas.
Y recordamos cumpleaños, organizamos vacaciones, controlamos las citas médicas, detectamos problemas antes de que aparezcan, pensamos en lo que falta en casa, planificamos las comidas, gestionamos emociones, anticipamos conflictos...
Y es que la carga mental, cuando funciona todo bien, es algo invisible, pero cuando falla, se convierte en un problema nuestro.
El problema de ser la persona que siempre resuelve
En la vida adulta, el problema más grave es convertirte en "la persona que siempre puede", como en las empresas cuando hay alguien que de verdad rinde y le mandan muchas más tareas que al resto. Esto es igual.
Al principio puede incluso hacerte sentir útil y competente, pero con el tiempo toda esa sobrecarga de tareas tiene un coste. Porque cuanto más capaz eres, más responsabilidades terminan llegando a ti, hasta que un día ya no recuerdas la última vez que alguien tomó decisiones importantes por ti.
Cuando hasta elegir la cena te agota
Alguien te pregunta qué quieres cenar y tu respuesta es "me da igual", pero no te da igual, solo que tu cerebro está agotado y ya no quiere evaluar más opciones ni priorizar ni pensar en nada más.
Esa sensación es saturación.
Después de los 40 la factura llega
Durante muchos años somos capaces de sostener una enorme carga mental y tenemos la energía, la necesidad de demostrar y la propia dinámica de la vida nos permiten avanzar casi sin cuestionar nada.
Pero llega un momento, a veces a los 40, a veces a los 50, a veces antes, en el que cuerpo y mente empiezan a enviar señales: cansancio, irritabilidad, olvidos, dificultad para concentrarte y esa sensación de estar permanentemente ocupada sin saber exactamente en qué.
Eso amiga mía es porque llevas demasiado tiempo sin tomarte un descanso real.
La solución no es organizarte mejor
No necesitas ser más eficiente, esto grábatelo bien, porque lo que te hace falta es descansar, dejar de asumir que tienes que pensar por todos y soltar un poco de carga mental durante unas horas.
Y reconocer que estás cansada no te hace menos fuerte, te hace humana, porque ¿cuánto tiempo llevas siendo la responsable de pensar por todos? Quizá, solo quizá, haya llegado el momento de empezar a compartir ese peso que estás cargando tú sola.
🌿 Soy Vanesa Moliner, escritora y creadora de contenidos sobre crecimiento personal, bienestar e identidad femenina después de los 40. Si te gusta reflexionar sobre estos temas, puedes encontrar más artículos en vanesamoliner.com y en mi comunidad de Patreon.

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