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Nunca te faltó motivación, pero te sobran expectativas


¿Alguna vez te has dicho a ti misma "ojalá tuviera más motivación"? Yo también he pensado algo así, creyendo que ese era el problema; yo quería pero no estaba motivada o necesitaba más fuerza de voluntad. Y mientras, veía que otras personas podían levantarse temprano, hacer ejercicio o comer bien, tal y como se hubieran propuesto anteriormente. Qué envidia ¿no?

Nos vendieron una idea equivocada de la motivación

En nuestro contexto es así y recibimos muchos mensajes que aseguran que, si encontramos la motivación adecuada, todo será más fácil. Claro ¿entonces cómo funciona? ¿Un día nos levantaremos con energía, dejaremos de procrastinar, entrenaremos como si fuera un placer y escogeremos conscientemente una comida más sana? ¿Me falta mucho para ese día?

En realidad, no creo que las personas que consiguen mantener hábitos saludables durante años tengan la misma motivación todos los días, hasta el más centrado tiene días malos. Pero sí que han aprendido a actuar a pesar de esos días malos, a seguir cuando no tienen ganas. Esa es la diferencia.

Esperábamos sentirnos inspiradas... y la vida no funciona así

¿Cuántas veces has abandonado un objetivo demasiado pronto porque "algo iba mal", por falta de ganas, porque te cuesta un esfuerzo mayor al que esperabas o porque simplemente has perdido la ilusión? 

Quizás esperas que llegue esa inspiración divina que te empuje a seguir adelante, que te lo haga "fácil", pero eso nunca llega. Y es que la vida no suele funcionar por ese orden y claro, todo al principio cuesta más y es normal no tener ganas de hacer algo que cambia tu rutina, que es diferente y que no puedes hacer en piloto automático. 

Esto significa que sí, que el primer día cuesta, que tendrás agujetas, molestias, dolores, sueño y con eso tendrás que seguir adelante y animarte un segundo día y un tercer día, a pesar de todo, aunque tu cuerpo y tu mente te digan lo contrario. Y poco a poco, casi sin darte cuenta, habrás completado una semana, después dos y verás cómo te llega la inspiración.

Porque cuando lo consigues, cuando te demuestras a ti misma que eres capaz de hacerlo aunque no te apetezca, entonces tu mente se dispara. Porque si puedes con eso ¿con qué no vas a poder?

La motivación va y viene. Los hábitos permanecen

¿Te levantas cada mañana profundamente motivada para lavarte los dientes? ¿Verdad que no? Quizás alguna vez, pero lo normal es que no, porque eso es algo que forma parte de tu vida y simplemente lo haces, pero no supone una gran decisión.

Eso mismo ocurre con el ejercicio, la lectura, la alimentación o el descanso; cuando un hábito deja de depender de cómo te sientes ese día, deja de ser una batalla constante, lo interiorizas y lo haces, sin más. Y eso libera una enorme cantidad de energía mental (que puedes dedicar a otras cosas).

El verdadero enemigo son las expectativas imposibles

Esto nos hace mucho más daño que nuestra propia resistencia a la actividad, porque queremos empezar el gimnasio y no faltar nunca; queremos comer bien y no desviarnos nunca o meditar todos los días sin faltar uno o cualquier otra cosa que te hayas propuesto añadir a tu rutina, incluso cosas como aprender italiano antes de Navidad ¿te suena todo esto?

Pues aquí está el problema, porque todos queremos mejorar en algún aspecto y alguna vez en nuestra vida, eso es humano, pero pensar que solo cuenta el diez, que solo vale si lo hacemos perfecto, eso es una carga insana que no vamos a poder cumplir y que nos puede avocar al fracaso.

A veces, un siete sostenido durante años gana por goleada al diez que pretendemos y que nos dura una o dos semanas.

Después de los 40 cambias de estrategia

Por suerte para nosotras, según cumplimos años empezamos a desconfiar de soluciones milagrosas y dejamos de buscar esas transformaciones espectaculares para bajar un poco a la tierra.

Descubrimos que caminar media hora tres veces por semana vale más que apuntarnos a un gimnasio al que dejaremos de ir en un mes, incluso más que pretender cumplir con los diez mil pasos diarios.

Cocinar razonablemente bien es mejor que hacer una dieta perfecta durante quince días o valorar comer bien el 80 % del tiempo y permitirnos un 20 % de desviaciones.

Y dormir una hora más cambia más cosas que comprar otro suplemento.

Así es como poco a poco comprendemos que el hecho de cuidarnos ya no es un proyecto, sino una forma de vivir y ahí es cuando todo empieza a funcionar, con o sin ganas, con o sin fuerza de voluntad.

El éxito también puede ser aburrido

Nos encantan las historias de cambios radicales, el morbo quizá de ver las transformaciones de la que perdió treinta kilos, la montó una empresa en su garaje, la que cambió de vida de un día para otro...

Pero la mayoría de las vidas no cambian así, por mucho que nos seduzca la idea. Lo que hay detrás de los grandes cambios son personas que decidieron empezar por una pequeña acción y un pequeño paso que no suponía un gran esfuerzo y que así pudieron mantener y repetir un día tras otro.

Quizá resulta menos emocionante, pero esa es la forma más eficaz de construir una vida mejor y de llegar a donde tú quieras.

Quizá nunca te faltó motivación

¿Qué es lo que esperabas al empezar? ¿Esperabas sentirte extraordinaria el primer día? Pues lamento decirte que los días más importantes, esos en los que vas a avanzar más, son precisamente los días en los que no tienes ganas de hacer nada.

Si esos días tomas la decisión de seguir te darás cuenta de que la constancia nace justo de esos esfuerzos, nace cuando escoges repetir, volver, hacer, cuando eliges un esfuerzo más, un día más.

¿Un truco? Dale visibilidad. Seguro que tienes un calendario en tu cocina, en tu nevera o en tu escritorio, pues marca esa equis en los días que sí consigues completar esos veinte o treinta minutos de tu sesión, de tu paseo o de tu rutina y céntrate en mantener tu racha.


Una pregunta que merece la pena hacerse

Si piensas que no estás motivada para seguir pregúntate cómo podrías motivarte, "¿qué pequeña acción puedo hacer hoy, aunque no tenga ganas?" y quizá eso cambie tu día (y tu vida).

*Los estudios sobre formación de hábitos muestran que no existe un número mágico de días para consolidarlos, con lo que eso de los 21 días no tiene base científica. Lo que realmente marca la diferencia es la repetición constante en el mismo contexto, aunque algunos días salga regular o sean solo 15 minutos y no 30, esos días también cuentan y merecen una equis en tu calendario.


🌿 ¿Cuántas veces has abandonado algo porque esperabas sentirte más motivada? ¿Qué pequeño hábito te gustaría mantener este año sin exigirte la perfección? Te leo en los comentarios.

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