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Todo lo que tuvimos que desaprender del cuerpo femenino después de los 40


Esto me cabrea, me cabrea o me sorprende, no sabría decirte. Porque quizá nos dieron un manual equivocado sin querer o quizá no se molestaron en corroborar lo que ponía antes de contárnoslo a las mujeres.

Durante años crecimos escuchando verdades que parecían indiscutibles, como que si tenías sobrepeso no debías correr porque ibas a destrozarte las rodillas; que las agujetas eran ácido láctico cristalizado; que había que comer muchas veces al día, pero poca cantidad, para “activar el metabolismo”; que ayunar era una especie de truco elegante contra el envejecimiento y las gorduras; que el frío fortalecía el sistema inmunológico o que entrenar en ayunas era casi una medalla de disciplina hacia la vía rápida del adelgazamiento.

Y ahora, de repente, la ciencia empieza a matizar, corregir o directamente desmontar muchas de esas ideas. Y me dirás que es normal porque antes se sabía menos o que la ciencia avanza rápido, pero la verdad es que no es del todo cierto. Lo que pasaba es que durante mucho tiempo solo se ha estudiado el cuerpo humano masculino, como si fuera universal, pero no así el nuestro. 

¿Por qué debíamos funcionar o responder como ellos si somos tan diferentes? Y ni que decir tiene que de la menstruación o la menopausia se sabía lo justo y necesario. Bueno, lo necesario no.


El problema no era nuestro cuerpo, era el modelo

Durante décadas, muchas investigaciones en ejercicio, metabolismo, estrés, sueño o rendimiento se hicieron mayoritariamente en hombres. Las mujeres quedaban fuera por una razón tan absurda como reveladora: nuestras hormonas “complicaban” los resultados.

Traducción: como nuestro cuerpo cambia durante el ciclo, era más fácil ignorarlo.

Hoy sabemos que esa comodidad científica tuvo un precio. Las mujeres no somos hombres pequeños con menos testosterona. Tenemos diferencias hormonales, metabólicas, térmicas, musculares y neurológicas que importan. Y mucho. De hecho, las revisiones recientes siguen señalando que las mujeres han estado infrarrepresentadas en la investigación sobre deporte y ejercicio, pese a representar la mitad de la población.

Por eso muchas recomendaciones que parecían universales empiezan a necesitar apellido: ¿para quién?, ¿en qué edad?, ¿en qué fase hormonal?, ¿con qué nivel de estrés?, ¿con qué descanso?, ¿con qué objetivo?

Porque no es lo mismo una mujer de veinte años que una de cuarenta y tantos. No es lo mismo estar en plena etapa fértil que acercarse a la perimenopausia. No es lo mismo entrenar descansada que vivir con cortisol en modo incendio forestal.

Correr no era el enemigo de las rodillas

Una de las frases más repetidas era: “no corras si tienes sobrepeso; adelgaza primero y luego corre”. Y, si lo piensas bien, incluso podía tener cierta lógica, así desde la ignorancia. Porque si pesas más, las articulaciones soportan más carga, lo que se traduce en un impacto mayor. Y eso sigue siendo cierto. El exceso de peso puede aumentar el estrés mecánico sobre la rodilla.

Pero la parte que ha cambiado es otra: correr de forma recreativa, progresiva y razonable no parece ser el destructor articular que nos vendieron. Revisiones recientes indican que caminar, correr y ciertos deportes recreativos de impacto no se asocian a una progresión estructural de la artrosis de rodilla.

La clave no es “correr sí” o “correr no”. La clave es empezar bien: poco, suave, progresivo, con fuerza muscular, descanso y sentido común. Las articulaciones no quieren vivir en una urna, necesitan estímulo y seguro que un traumatólogo te lo puede explicar mucho mejor. El cuerpo se adapta a lo que le pedimos, siempre que no le pidamos de golpe lo que no le hemos enseñado antes, pero sí, a tus articulaciones les gusta el impacto (y las mantiene sanas).

Las agujetas no eran ácido láctico cristalizado

Esta fue una de las grandes leyendas del gimnasio y el primer mito que pude desmontar, no porque yo sea investigadora, sino por la lectura y una curiosidad infinita.

Nos dijeron que las agujetas eran cristales de ácido láctico clavándose en el músculo. Sonaba dramático, casi medieval. Pero no. El ácido láctico no se queda cristalizado dentro del músculo provocando dolor días después. De hecho, el dolor muscular tardío aparece normalmente entre 24 y 72 horas después del esfuerzo, cuando el lactato ya no está ahí como culpable principal. 

La evidencia apunta más bien a microdaño o microrroturas, inflamación y tejido conectivo asociado al músculo. Las células más débiles simplemente no han soportado la presión y se han roto, pero las demás (más fuertes) se van a reproducir para sustituirlas.

¿Significa eso que hay que machacarse con agujetas? No. Significa que no son una tragedia ni una señal obligatoria de descanso absoluto. Mejor movimiento suave, caminar, entrenar ligero o repetir ejercicio con menor intensidad y eso sí que puede ayudar a recuperar mejor y más rápido ¡y olvídate del agua con azúcar, por favor!

Otra cosa es el dolor intenso, punzante, incapacitante o acompañado de inflamación extraña. Ahí no estamos hablando de agujetas: estamos hablando de hacer caso al cuerpo antes de que el cuerpo te mande un burofax. Posiblemente tengas una lesión, así que acude al médico o especialista.

El frío no funciona igual para todos

Durante años se puso de moda la exposición al frío como si fuera una terapia universal: duchas heladas, baños de hielo, estoicismo en bañador y cara de “estoy sufriendo pero espiritualmente”.

El problema es que hombres y mujeres no siempre respondemos igual al frío. Las revisiones sobre termorregulación muestran que las mujeres suelen experimentar más sensación de frío y menor temperatura cutánea en ambientes fríos, y que estas respuestas pueden cambiar con menstruación, embarazo o menopausia.

Eso no significa que ninguna mujer pueda usar frío. Significa que copiar protocolos masculinos sin adaptarlos puede ser una mala idea y nosotras respondemos peor al frío que ellos.

En cambio, la exposición al calor (como al de una sauna) está ganando interés por sus posibles beneficios cardiovasculares, metabólicos y de bienestar, aunque la investigación específica en mujeres aún necesita crecer. Estudios recientes sobre sauna en mujeres señalan diferencias de termorregulación entre sexos por factores anatómicos, fisiológicos y hormonales.

La conclusión sensata: no todo lo que parece “biohacking” sirve igual para todos los cuerpos. A veces no necesitas más hielo, sino solo dormir, comer bien, levantar peso y dejar de tratar a tu sistema nervioso como si fuera un becario sin contrato.

El ayuno tampoco era magia

La autofagia se convirtió en palabra mágica. Ayunar parecía activar una especie de limpieza celular premium: menos envejecimiento, menos enfermedad, más control. Pero el cuerpo femenino no siempre interpreta la falta de energía como “optimización”, a veces la interpreta como amenaza.

La evidencia sobre ayuno intermitente y hormonas reproductivas en mujeres todavía es limitada y depende mucho del tipo de mujer estudiada: edad, peso, salud metabólica, fertilidad, ciclo, actividad física y duración del ayuno. Algunos ensayos no han encontrado grandes alteraciones en hormonas reproductivas con ciertas formas de alimentación restringida en el tiempo, pero los propios estudios piden cautela y más investigación.

Lo importante es esto: no es lo mismo cenar pronto y desayunar con calma que hacer ayunos largos, entrenar fuerte en ayunas, dormir poco y vivir con estrés crónico. 

En mujeres, especialmente en etapas de cambio hormonal, el déficit energético sostenido puede pasar factura. Y el cuerpo tiene formas muy claras de avisar: alteraciones del ciclo, pérdida de menstruación, peor descanso, ansiedad, hambre descontrolada, caída del rendimiento o sensación de vivir permanentemente en reserva. Así que, si tu menstruación desaparece, posiblemente no lo estés haciendo bien y tu cuerpo se vea obligado a desactivar funciones como la reproductiva para sobrevivir.

Aun así, el ayuno no es malo por definición. Pero tampoco es una medalla moral. Y desde luego no debería utilizarse como castigo elegante después de comer en exceso.

Comer cada dos horas tampoco era obligatorio

También nos dijeron que había que comer muchas veces al día para mantener activo el metabolismo. Hoy sabemos que esa idea era, como mínimo, incompleta. 

El sistema digestivo necesita pausas para activar mecanismos de limpieza intestinal como el complejo motor migratorio, un patrón de movimiento que aparece en periodos sin ingesta y ayuda a desplazar residuos y bacterias por el intestino delgado. En el contexto del SIBO y otros problemas digestivos, se estudia cada vez más la importancia de espaciar comidas, aunque no debe convertirse en una regla rígida para todo el mundo.

Otra vez, el matiz importa.

No se trata de pasar hambre. Se trata de dejar de comer por ansiedad, aburrimiento, miedo al hambre o porque un día alguien dijo que había que “avivar el metabolismo” como quien sopla una barbacoa.

Dormir mal no es un detalle: es metabolismo

A cierta edad, muchas mujeres empiezan a notar algo desconcertante: comen parecido, se mueven parecido, pero el cuerpo responde distinto. Y aquí el sueño es una pieza enorme.

La falta de sueño y la desalineación circadiana afectan a hormonas del apetito, sensibilidad a la insulina, regulación energética y conducta alimentaria. Además, las alteraciones del sueño son frecuentes durante la perimenopausia y la menopausia, con despertares nocturnos, insomnio y peor calidad del descanso.

Durante años hablamos de dieta y ejercicio como si fueran los dos únicos botones del cuerpo. Pero dormir mal cambia el tablero, así que el descanso debe estar entre tus prioridades, ya sea porque quieras estar sana o porque estés tratando de controlar tu IMC.

El estrés nos atraviesa de otra manera

Las mujeres no solo acumulamos estrés. Muchas veces acumulamos vigilancia, carga mental, cuidado, anticipación, culpa y exigencia.

La ciencia también está estudiando diferencias entre sexos en la respuesta neuroendocrina al estrés. Las revisiones muestran que existen diferencias relevantes en el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, aunque los resultados pueden variar según el tipo de estrés, hormonas, edad y contexto.

Esto importa porque no podemos hablar de salud femenina ignorando el entorno.

No es lo mismo recomendar “haz ejercicio, come bien y duerme” a una persona con tiempo, apoyo y calma que a una mujer que trabaja, cuida, decide, organiza, recuerda, sostiene y encima se siente culpable por no meditar diez minutos al día mirando una vela.

A veces el cuerpo no necesita otro hábito. Necesita menos carga.

La creatina ya no es “cosa de culturistas”

Durante años la creatina se asoció a hombres musculados, botes enormes y gimnasios con olor a proteína de vainilla sospechosa.

Ahora la investigación empieza a mirarla con otros ojos, también para mujeres. Porque revisiones sobre creatina en salud femenina señalan posibles beneficios en fuerza, rendimiento, composición corporal y etapas como menstruación, embarazo, posparto y menopausia, aunque la calidad y cantidad de estudios en mujeres todavía debe mejorar.

La idea interesante no es “todas deben tomar creatina”. La idea es que quizá descartamos durante años una herramienta útil porque la asociamos al músculo masculino, cuando el músculo femenino es una de las grandes inversiones de salud a partir de los cuarenta. 

Sí, sí, invertir en tu músculo es vivir más y mejor, es tu seguro de salud y bienestar. Porque músculo no es estética, es metabolismo, autonomía, hueso fuerte, postura, fuerza, glucosa, equilibrio y futuro.

Después de los 40, la fuerza no es opcional

A partir de cierta edad, el cuerpo empieza a perder masa muscular si no recibe un estímulo adecuado y sí, en nosotras ese deterioro empieza bastante antes que en ellos. Porque la transición hacia la menopausia puede acelerar cambios en composición corporal, fuerza, hueso y metabolismo.

El entrenamiento de fuerza ha demostrado ser eficaz para contrarrestar la pérdida de masa muscular y fuerza relacionada con la edad y la menopausia en mujeres y esto cambia el enfoque.

Durante años muchas mujeres entrenábamos para ocupar menos espacio: pesar menos, comer menos, sudar más, caber en menos talla. Y ahora el mensaje debería ser otro: entrenar para ocupar tu cuerpo con más poder.

Levantar peso no te hace menos femenina, sino menos frágil.

Envejecer no es solo cumplir años

Otro cambio fascinante es cómo entendemos el envejecimiento. Durante mucho tiempo lo vimos como una cuenta atrás inevitable. Cumples años y el cuerpo se deteriora. Punto.

Hoy se habla cada vez más de edad biológica, relojes epigenéticos, inflamación, sueño, ejercicio, dieta, estrés, microbiota y estilo de vida. Los relojes epigenéticos miden patrones de metilación del ADN asociados al envejecimiento biológico, y se están usando para estudiar cómo distintos factores pueden acelerar o ralentizar procesos relacionados con la edad.

Esto no significa que podamos “hackear” la vida como quien actualiza una app, al menos no todavía. Pero cuidado con la fantasía de inmortalidad en formato suplementos.

Lo que significa es que la edad cronológica no lo explica todo y dos personas pueden tener los mismos años y cuerpos biológicamente muy distintos. Y no se trata de parecer joven, sino de funcionar mejor durante más tiempo.

Lo que deberíamos desaprender

Quizá la gran lección no sea cambiar una lista de reglas antiguas por otra lista de reglas nuevas, pero sí que deberíamos aprender a sospechar de cualquier consejo demasiado universal.

“Todas deberían ayunar.”
“Todas deberían hacer cardio.”
“Todas deberían evitar correr.”
“Todas deberían pasarse al frío.”
“Todas deberían comer cinco o seis veces al día.”
“Todas deberían entrenar igual todos los días o hacerlo en ayunas.”

No.

La salud femenina necesita contexto; edad, ciclo, perimenopausia, sueño, estrés, historia personal, medicación, lesiones, digestión, objetivos, energía disponible y vida real. Porque una cosa es la ciencia y otra muy distinta es convertir cada estudio en una nueva religión con esterilla.

La nueva madurez: escuchar con criterio

Tal vez esto sea lo más interesante de esta etapa en la que tú y yo nos encontramos, que ya no queremos obedecer sin pensar, que queremos entender y saber por qué algo funciona, para quién funciona y cuándo deja de funcionar. 

Queremos cuidar el cuerpo sin castigarlo, entrenar sin rompernos, alimentarnos sin miedo, descansar sin culpa y envejecer sin sentir que estamos fallando.

Nos dijeron muchas cosas, algunas eran ciertas y otras no, esto son solo algunos ejemplos, pero cuesta ¿verdad? Darte cuenta de la cantidad de "creencias" que debemos borrar del disco duro porque ya no tienen validez. Y eso, que toca desaprender y empezar de nuevo y los años que llevamos creyendo que nos cuidamos con normas que no nos servían. 

Después de los 40, una ya no está para manuales equivocados, pero por suerte, van a destinar un buen dinero para estudiar el cuerpo femenino ¡que ya era hora!

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