Y quizá eso te hace sentir cierto miedo, porque no sabes exactamente quién eres ahora.
No es una crisis. Es un duelo.
Cuando hablamos de duelo solemos pensar en la pérdida de una persona, en ese dolor, pero realmente hay mucho tipos de duelo. También existe el duelo por la mujer que fuiste, por lo que quedó atrás. Quizá era una mujer que siempre decía que sí, que intentaba agradar, que quería demostrar que podía con todo, que perseguía objetivos e incluso que anteponía las necesidades de los demás a las suyas propias.
Y no es que la odies o reniegues de ella, porque probablemente le debas mucho y quizá todo eso que fue o que fuiste merezca una despedida, pero tú ya no eres así.
La identidad también envejece
Durante años construimos una identidad casi sin darnos cuenta y podemos ser la buena hija, la madre perfecta, la profesional responsable, la pareja comprensiva, la amiga que siempre está o la mujer fuerte que puede con todo.
De cualquier forma, vamos añadiendo etiquetas a esa construcción, a esa identidad que estamos conformando, hasta que un día esas etiquetas dejan de describirnos y empiezan a encerrarnos, a crearnos unas obligaciones que ya no queremos.
Pero simplemente porque las personas cambiamos, cambiamos constantemente y aun así, muchas seguimos intentando vivir según ese personaje de hace veinte años.
Cuando ya no quieres demostrar nada
Uno de los primeros síntomas de este cambio es que empiezas a perder interés por impresionar; ya no necesitas tener razón en todas las conversaciones, ya no quieres discutir por convencer a nadie porque no te importa cumplir o no las expectativas ajenas.
Empiezas a elegir la tranquilidad antes que la aprobación y eso es algo que puede desconcertar a los que te rodean, a los que viven ese cambio en ti, a los que estaban acostumbrados a tu versión que cedía, que resolvía o que siempre estaba disponible. Pero ahora están perdiendo esas facilidades que tú les dabas.
El miedo a decepcionar
Y si, cambiar tiene un precio. Porque cuando cambias, algunas relaciones también cambian. Habrá personas que celebrarán tu evolución y verán lo mejor de ti y otras que intentarán devolverte al lugar donde les resultabas más cómoda.
Y no es que sean malas personas, sino que todos tendemos a relacionarnos con la imagen que tenemos de los demás y tu imagen anterior era la que más les satisfacía. Por eso es tan habitual escuchar frases como: "antes no eras así", "has cambiado mucho" o "ya no eres la de siempre". Y quizá tengan razón porque precisamente de eso se trata.
Hay una versión de ti que ya terminó su trabajo
Durante mucho tiempo necesitaste ser aquella mujer, quizá porque estabas criando a tus hijos, porque estabas levantando un negocio, porque estaba en modo supervivencia dentro de una relación complicada o porque necesitabas demostrarte que eras capaz de hacerlo.
Y aquella versión de ti fue valiente y necesaria, pero no está obligada a acompañarte toda la vida. Y es que hay etapas que no terminan cuando cambian las circunstancias, terminan cuando cambia la persona y además eso honra tu historia.
La culpa de crecer
Muchas mujeres sienten culpa cuando empiezan a cambiar, como si dejar atrás ciertas formas de vivir significara ser egoístas. Pero crecer nunca ha sido un acto de egoísmo sino de coherencia. Porque no tendría sentido seguir viviendo exactamente igual cuando tú ya no eres la misma ¿verdad?
Lo que antes te hacía feliz puede dejar de hacerlo; lo que antes tolerabas puede empezar a dolerte; lo que antes parecía un sueño puede convertirse simplemente en una costumbre y reconocerlo no significa que hayas fracasado, solo que has evolucionado.
Yo te confieso que a veces siento vergüenza cuando pienso esa Vanesa de años atrás, cuando recuerdo cómo vivía, cómo socializaba y como me relacionaba con mi entorno. Sin duda no era mi mejor versión, pero las circunstancia, la inexperiencia, la inmadurez y la ignorancia me nutrían en ese momento.
Y tampoco es que ahora sea mucho más sabia, si que siento una evolución que me ha llevado a convertirme en una persona distinta y sí, en una persona que se quiere y se cuida mucho más. Y es justo ese respeto que siento ahora por mí misma el que más me ha inspirado a seguir aprendiendo y evolucionando.
La pregunta que cambia una vida
No pienses en cómo puedes volver a ser la de antes, porque ese cambio tiene algún motivo. Mejor piensa en la persona que quieres ser a partir de ahora ¿lo sabes?
Hay una enorme diferencia entre recuperar una versión antigua de ti y permitir que nazca una nueva. Porque la primera mira hacia atrás y la segunda mira hacia delante.
No tienes que volver a encontrarte
Hay una frase que se repite mucho en el crecimiento personal y es algo como que "tienes que encontrarte a ti misma", pero no me parece del todo cierta, porque esa mujer que serás dentro de cinco años todavía no existe, así que no tendría caso buscarla. Ella no está esperando a que la encuentres, sino a que la construyas.
Y esto significa aceptar que algunas partes de ti tendrán que quedarse atrás, simplemente porque ya cumplieron su misión. Así, tal vez ese sentimiento extraño que llevas un tiempo notando no sea una crisis ni una depresión, tal vez solo sea la vida diciéndote que ha llegado el momento de dejar de interpretar un personaje y empezar a vivir como la mujer en la que te has convertido.
Piensa que aunque ahora todo parezca incierto, hay algo profundamente esperanzador en ello y es que cada vez que una versión de ti termina su trabajo, otra está esperando la oportunidad de empezar el suyo, de salir, de desarrollar, de explorar su potencial. Y nunca es tarde, nunca, así que no temas a los cambios, mejor déjalos salir con la curiosidad de quien aún tiene mucho por descubrir.
🌿 Soy Vanesa Moliner, escritora y creadora de contenidos sobre crecimiento personal, bienestar e identidad femenina después de los 40. Si disfrutas de este tipo de reflexiones, encontrarás más artículos en este blog y contenido exclusivo en mi comunidad de Patreon.

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