Hay una frase que escuchamos con frecuencia a partir de cierta edad: "me estoy haciendo mayor". Sí, ya sé que yo también la digo y, por lo general, suele aparecer cuando ya no tenemos ganas de salir hasta las tres de la madrugada, cuando dejamos de discutir por cosas insignificantes o cuando empezamos a valorar más una tarde tranquila que un fin de semana frenético.
Pero quizás lo que pasa es que ahora somos más selectivas y nena, déjame decirte que ahí hay una diferencia enorme.
Los cambios después de los 40 no son una pérdida
Durante mucho tiempo (y lo que nos queda) vivimos acumulando experiencias, personas, compromisos, responsabilidades, incluso opiniones ajenas. E intentamos estar en todas partes, agradar a todo el mundo y cumplir expectativas que ni siquiera sabemos quién creó.
Pero amiga, llega un momento en el que algo cambia, quizás la claridad y descubrimos que el tiempo no es infinito y nuestra energía tampoco, así que gastar ambas cosas en algo que no nos gusta tiene un coste demasiado alto.
Empiezamos a decir más "no"
Uno de los cambios después de los 40 más importantes no tiene que ver con las arrugas ni con las canas, sino con los límites y ¡bienvenidos sean!
De repente ya no sientes la necesidad de justificar cada decisión ni tampoco quieres acudir a todos los eventos ni respondes inmediatamente a todos los mensajes ni mantienes relaciones que te desgastan simplemente porque "siempre ha sido así". No pequeña, cuando llega ese clic, todo cambia.
Empiezas a entender que cada "sí" que das a algo implica un "no" a otra cosa y por eso eliges mejor.
Ya no buscas impresionar (¿quién quiere eso?)
Recuerdo una conversación en la que una amiga me dijo: "antes quería que la gente pensara que tenía una vida interesante. Ahora quiero tener una vida que me guste a mí". Me acuerdo perfectamente ¡pero qué palabras más brillantes!
Por fin dejas de vivir para la fotografía, la apariencia o la validación. Y es entonces cuando empiezas a preguntarte "¿esto me hace feliz de verdad?". Te lo recomiendo, verás qué liberador.
Seleccionas mejor a las personas
Quizás este sea uno de los cambios más evidentes porque ya no nos interesa la cantidad, es hora de priorizar la calidad.
Porque preferimos una conversación sincera antes que diez conversaciones superficiales, un amigo leal antes que veinte conocidos y una tarde con alguien que te escucha de verdad antes que una agenda llena de compromisos insípidos.
Y esto, lejos de empobrecer tu vida, suele enriquecerla ¿acaso no es la tranquilidad una forma de abundancia?
Empiezas a proteger tu paz
Hay una edad en la que descubres algo maravilloso; que ni todas las batallas merecen ser libradas ni todas las discusiones necesitan una respuesta ni todas las opiniones requieren una defensa. Y es maravilloso. Porque cuando entiendes esto, tu vida se vuelve mucho más ligera.
Y no es magia, no es porque desaparezcan los problemas, sino porque dejas de cargar con los que no te pertenecen.
La claridad es uno de los grandes regalos de esta etapa
Cuando somos más jóvenes nos preocupa más lo que piensen de nosotras o lo que esperen de nosotras y eso nos limita. Pero con los años nos importa mucho más lo que nosotras mismas queramos de verdad para nuestra vida. Y eso transforma decisiones, relaciones, proyectos y objetivos.
Transforma incluso la forma en la que hablamos con nosotras mismas. Porque dejamos de perseguir versiones imposibles de quienes creemos que deberíamos ser y empezamos a aceptar a la persona que realmente somos.
Por eso es una etapa maravillosa, de muchos cambios y mucho más positiva de lo que creemos.
No te estás apagando
¡Por supuesto que no! Quizá la sociedad interpreta esta evolución como una pérdida porque hay menos impulsividad o menos necesidad de demostrar. Pero no, esto no es una pérdida de nada, sino todo lo contrario.
Cuando dejas atrás las expectativas ajenas, ese sentimiento de culpa tan innecesario, la exigencia constante, las relaciones que te drenan, las batallas que ya no quieres luchar... Y todo ese ruido que te sobras ¿realmente te parece que estés perdiendo algo valioso?
Creo que sin todo este peso lo que nos encontramos es nuestra propia voz, a nosotras mismas y no hay nada más positivo que esto mismo.
Así que, si últimamente sientes que ya no tienes paciencia para ciertas cosas, que eliges más tus compañías, que proteges mejor tu tiempo o que cada vez valoras más la tranquilidad, no te preocupes. Lo que pasa es que te estás haciendo más consciente.
Déjame en comentarios tu opinión al respecto y esas cosas que te parecen que "te están haciendo mayor". Te leo.
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Un abrazo apretado.
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