Hay mujeres que parecen capaces de hacerlo todo, quizás tú seas una de ellas. Son mujeres que trabajan, que cuidan, que organizan, que resuelven problemas y que siempre van limpias (esto último a mí me parece magia).
Mujeres que están pendientes de sus hijos, quizás también de sus padres, de sus compañeros de trabajo, de sus parejas y de todas las necesidades emocionales de las personas que las rodean ¡son súper mujeres! O eso parece desde fuera, porque se ven fuertes y capaces. Pero ¿qué hay por dentro?
Pues ese es el problema, que por dentro están agotadas.
Es una trampa, es el síndrome de la mujer que puede con todo y seguro que lo reconoces en seguida.
Cuando ser fuerte se convierte en una obligación
Ser una persona responsable es una virtud pero, en algunos casos, se convierte en una identidad. Porque algunas de nosotras llegamos a un punto en el que creemos que DEBEMOS poder con todo y es ahí cuando esa virtud se convierte en una carga.
Para algunas fallar no es una opción, como tampoco lo son pedir ayuda o descansar, porque eso son señales de debilidad que no se pueden permitir. Y ¿sabes? Hay mucha gente que admira eso, esa capacidad, aunque no son capaces de ver el desgaste que acarrea.
La autoexigencia que nadie aplaude
Muchas mujeres crecimos escuchando mensajes como:
Sé responsable.
No molestes.
Haz las cosas bien.
Piensa en los demás.
Esfuérzate más.
Y con el tiempo, esos mensajes terminan convirtiéndose en una voz interior exigente que nunca parece satisfecha. Así que da igual lo que hagas porque siempre quedan cosas pendientes o siempre podrías haberlo hecho mejor o siempre hay alguien que necesita algo de ti.
Entonces y, sin darte cuenta, vas convirtiendo esas exigencias en una forma de vida, como una carrera interminable en la que la meta se aleja cada vez más.
El desgaste silencioso
Lo más peligroso de este patrón es que rara vez se percibe como un problema, justo por lo que dijimos antes, porque una mujer que puede con todo parece más una virtuosa o un ejemplo a imitar que una persona que necesita reencontrarse.
Y, cuando mantenemos este patrón en el tiempo, empiezan a aparecer señales que a veces ignoramos, empeorando la situación. Señales como:
Cansancio constante.
Irritabilidad.
Dificultad para disfrutar.
Sensación de estar siempre en alerta.
Ansiedad.
Problemas para dormir.
Falta de ilusión.
Si esto pasa es porque llevas demasiado tiempo sobreviviendo y en un nivel de alerta insano.
El precio oculto de hacerlo todo sola
Existe una diferencia importante entre ser independiente y sentir que no puedes apoyarte en nadie. Porque la independencia sana te permite elegir, pero la autosuficiencia extrema te obliga.
Y si llevas años soportando todo el peso sobre tus hombros, acabas creyendo que pedir ayuda es una molestia para los demás o que nadie hará las cosas tan bien como tú (que todavía es peor).
Déjame decirte que esos pensamientos son una prisión y te dejan sola frente a una carga cada vez mayor y que cada vez te pesará más.
Después de los 40 algo cambia
Muchas mujeres experimentamos una transformación importante a partir de cierta edad. Es como un clic en nuestra mente o un nuevo filtro con el que mirar la vida. Y un día empezamos a preguntarnos "y nosotras ¿para cuándo?", "¿y lo que yo necesito y lo que yo quiero?"
Porque cuidar de todo el mundo mientras nos abandonamos a nosotras mismas NO ES GENEROSIDAD. Por eso, después de los 40, muchas mujeres nos volvemos más selectivas, empezamos a poner límites sanos y a decir que no y dejamos de demostrar constantemente lo que valemos.
Y sí, al principio nos sentimos un poco culpables y nos cuesta seguir, pero esto suele ser el inicio de una vida mucho más plena y auténtica.
No tienes que demostrar que puedes con todo
Quizá la verdadera madurez no consiste en ser capaz de soportarlo todo, sino en aprender a soltar. Porque déjame decirte que no has venido al mundo para convertirte en la solución de todos los problemas.
Esta vida es muy valiosa porque es finita, dura apenas un suspiro. Y si últimamente te sientes cansada de ser la mujer que puede con todo, tal vez necesites permitirte ser humana.
Y eso, aunque a veces lo olvidemos, también es una forma de fortaleza. ¿Preparada para vivir tu propia vida?
🌿Soy Vanesa Moliner, escritora y creadora de recursos para transformar tu mente, ordenar tu vida y activar tu éxito.
Si te gusta reflexionar sobre la vida y el crecimiento personal, puedes leer más en vanesamoliner.com o unirte a mi comunidad en Patreon.

Comentarios
Publicar un comentario
¿Te ha gustado? Dime cosas.