Ir al contenido principal

Cuando consigues lo que querías y no te hace feliz


Hubo un tiempo en que tenías muy claro lo que querías; quizá soñabas con terminar tus estudios, encontrar un trabajo estable, formar una familia, comprar una casa, tener una vida tranquila o cualquier otra cosa que a priori desearas conseguir.

Y quizá durante años, estos sueños eran los que te movían y paso a paso, con esfuerzo y sacrificio, te ibas moviendo en su dirección. Hasta que un día levantaste la vista y descubriste que muchas de aquellas metas ya estaban cumplidas.

Pero ¿no se supone que deberías sentirte feliz? Entonces ¿qué es lo que no encaja?


La trampa de vivir siempre para el siguiente objetivo

Durante gran parte de nuestra vida vivimos mirando hacia delante, fantaseando con el futuro o lo que está por llegar; "cuando termine esta etapa...", "cuando encuentre pareja...", "cuando consiga ese trabajo...", "cuando los niños crezcan...", "cuando tenga más tiempo...", "cuando me jubile...". 

Y, sin date cuenta, conviertes la felicidad en una estación futura, algo que siempre está un poco más adelante de ti, como si siempre la fueras a encontrar tras el siguiente esfuerzo. Y es que, cuando alcanzamos una meta, esa satisfacción genuina dura mucho menos de lo que pensábamos.

Así que, bueno, ya lo hemos conseguido ¡hurra! Y... Ahora necesitamos otra meta y otra y otra más. Porque nos hemos acostumbrado a vivir persiguiendo sueño, promesas, metas...

El éxito que nadie te enseñó a gestionar

Las de nuestra generación todavía aprendimos a luchar para conseguir cosas y, sin embargo, no nos enseñaron qué hacer cuando las alcanzamos. Nadie nos explicó que podíamos tener una vida razonablemente buena y seguir sintiendo una inquietud difícil de nombrar.

Porque es posible tener estabilidad económica y sentirte perdida o tener una familia maravillosa y sentirte desconectada de ti misma o haber alcanzado metas importantes y preguntarte "¿es esto todo?". E incluso esto mismo nos puede hacer sentir culpables porque ¿no parece injusto sentirse insatisfecha cuando otras personas desearían tener lo que nosotras tenemos?

Pero las emociones son tan complejas que podemos sentir culpabilidad y gratitud a la vez e incluso hacerlo mientras reconocemos que algo en nuestro interior nos pide cambiar.

El precio de vivir demasiado tiempo para los demás

Muchas mujeres llegan a los 40 o a los 50 años después de haber dedicado décadas a cuidar a sus hijos, parejas, padres, a sus compañeros, sus negocios, todo. Y durante ese proceso dejan algunas partes de sí mismas aparcadas en algún lugar, junto a sus sueños, intereses, curiosidades, proyectos personales, deseos.

Pero todo eso que aparcamos alguna vez no desaparece, solo permanece ahí, en algún rincón, en pausa.

Y por eso a menudo nos pasa que, cuando las responsabilidades parecen estabilizarse, empieza a crecer una sensación nueva y extraña, como si nos faltara algo "dentro".

Quizá no sea un vacío

Puede que esa sensación sea solo un espacio, una ausencia o una oportunidad, quizá una invitación a preguntarte "quién eres hoy", "quién eres ahora".

La pregunta que aparece después de los 40

A cierta edad muchas mujeres empezamos a valorar quiénes somos o qué queremos, preguntas que sin duda pueden cambiarnos la vida ¿no te parece? Porque durante años hemos estado tan ocupadas construyendo una vida que apenas hemos tenido tiempo para habitarla.

Y ahora, ¿qué?

Quizá no necesites cambiar de ciudad ni de trabajo ni de pareja ni de vida, pero sí que necesitas escucharte y, sobre todo, recordar las cosas que te ilusionan, lo que te hace sentir viva. Porque no todas las crisis son señales de que algo va mal, algunas pueden indicar que has crecido.

Quizá la persona que eres hoy necesita algo diferente de la que eras hace veinte años y puede que ese vacío sea el espacio que la vida está dejando para que empieces a construir la siguiente versión de ti misma.

¿Sabes? Y puede que lo mejor todavía está por llegar.

🌿 Soy Vanesa Moliner, escritora y creadora de recursos para transformar tu mente, ordenar tu vida y activar tu éxito.

Si te gusta reflexionar sobre la vida y el crecimiento personal, puedes leer más en vanesamoliner.com o unirte a mi comunidad en Patreon.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo que me salvó cuando toqué fondo (y cómo empezar de cero sin fingir que estás bien)

Hay momentos en los que ni el café es capaz de arreglar la situación, ni las frases motivadoras, ni las ganas de seguir como si todo fuera normal, haciendo lo de siempre y dejándote arrastrar por la inercia de la vida.  Para algunas puede que el maquillaje sea un salvavidas para esconderse del mundo Pero yo no tengo ese recursos porque ni sé maquillarme ni suelo hacerlo y las pocas veces que me pongo rímel acabo frotándome los ojos antes de salir de casa. Pero ¿qué pasa cuando tocas fondo, pero tienes que seguir cuidando de otros, trabajando o sonriendo?  Es duro, lo sé, creo que en ese momento de lucidez en el que cuerpo y mente se alían para decirte que no puedes seguir así, que no puedes soportar más esa situación, que necesitas liberarte o escapar o gritar o cambiar de vida o desaparecer, es en ese momento cuando oyes el chasquido final en el pozo y entiendes que eso es y tiene que ser el final de tu caída. Porque funcionar en automático a veces te salva. Te ayuda a curart...

Vivir en un pueblo con calma: maternidad, silencio y raíces

Vivir en un pueblo es una idea que a muchos de nosotros nos resultaba cada vez más atractiva, sobre todo después de la pandemia, pero no necesariamente motivada por eso. También el bullicio, los precios, la escasez de oferta inmobiliaria y otros factores han influido. Y sí, déjame decirte que siempre es una buena idea, aunque no apta para todo el mundo. La vida rural funciona a otro ritmo y eso se respira en el aire, sin duda. En algunos aspectos, es como trasladar tu paz mental a tu contexto más cercano o retroalimentar esa paz interior con un exterior acorde e inspirador. Al final ambas cosas pueden ser dependientes. Además, en la mayor parte de los pueblos hay un porcentaje de viviendas que solo se usan los fines de semana (o en vacaciones), por aquellos que huyen de las ciudades y prefieren pasar sus días de descanso en entornos más tranquilos y que les ayuden a desconectar, a dormir mejor y a disfrutar de una tranquilidad que no es fácil encontrar en los entornos urbanos. Y eso se...

Cómo combinar cetosis, longevidad y autofagia para lograr un cuerpo sano y sostenible

En los últimos años, la nutrición se ha convertido en un terreno donde confluyen distintas corrientes científicas que, a primera vista, parecen opuestas. La dieta cetogénica, los estudios de Valter Longo sobre longevidad, los del bioquímico Robb Wolf y las investigaciones de Yoshinori Ohsumi sobre la autofagia, entre otros muchos, han generado debates intensos entre profesionales de la salud y la comunidad científica. Y para mí, que llevo leyendo propuestas y estudios sobre alimentación desde que tengo memoria, esto empieza a ser demasiado complejo. Porque, desde que trabajé para empresas del sector médico, he comprendido de manera clara y cristalina que los azúcares son un auténtico veneno para nuestro cuerpo y una motivación para nuestro cerebro, que pueden generar dependencia en él y que están presentes en el desarrollo y crecimiento de tumores de diversos tipos, de hecho, son su alimento principal. Por lo tanto, huir de los azúcares refinados me parece coherente, pero ¿qué hay de t...