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La ansiedad por la comida: cuando no tienes hambre, pero comes

Muchas veces no abres la nevera porque tengas hambre, lo haces por cansancio, porque estás nerviosa o porque necesitas para 5 minutos. También porque el día ha sido demasiado largo o porque algo dentro de ti necesita alivio… aunque no sepas el qué.

Este es el inicio de uno de los patrones más comunes de la alimentación emocional: la ansiedad por la comida o ese comer "para anestesiarnos".

Qué es realmente la ansiedad por la comida

La ansiedad por la comida aparece cuando usamos la comida para regular emociones, aliviar tensión o llenar vacíos emocionales momentáneos.

Y no, no tiene que ver únicamente con la gula ni con “la falta de fuerza de voluntad”, como muchas personas creen. Tiene más relación con el estrés, la sobrecarga mental, la ansiedad acumulada y los automatismos emocionales. Por eso muchas veces aparece incluso después de haber comido.

Porque la ansiedad por la comida no nace en el estómago, sino en la mente y en las emociones.



Hambre real vs hambre emocional

Aprender a distinguir esto puede ser un gran comienzo.

Hambre real:

  • Aparece poco a poco.
  • Cualquier comida puede saciarla.
  • Se siente físicamente.
  • Desaparece al comer.
  • No genera culpa.

Hambre emocional:

  • Aparece de repente.
  • Suele pedir alimentos concretos (dulce, pan, snacks, chocolate…).
  • Nace de una emoción o situación concreta.
  • Muchas veces sigue incluso después de comer.
  • Suele terminar con culpa o frustración.

Y lo más importante es que el hambre emocional suele pedir urgencia; “no puedo aguantar”, “necesito comer algo ya”, “solo un poco y sigo”. Aunque no siempre es comida lo que necesitas, a veces es descanso, calma, descarga emocional, atención, cariño, una pausa.

El problema del piloto automático

La mayoría de las personas no se da cuenta de cuándo empieza el proceso. Simplemente ocurre; abres un armario, coges algo, picoteas mientras miras el móvil, mientras trabajas, mientras piensas, mientras intentas desconectar... ¡et voilà! Cuando te das cuenta, ya has comido sin disfrutar, sin entender qué estabas buscando y casi sin prestar atención.

Y cuando repites ese patrón, tu cerebro lo refuerza, adquiere ese automatismo como respuesta. Porque la mente aprender muy rápido, así que tu nuevo esquema es: "cuando me siento mal > recurro a la comida > consigo alivio momentáneo".

La comida no es el enemigo

Este punto es importante porque muchas tendemos a demonizar la comida o ciertos alimentos. Pero la comida no es el problema y desde luego tu cuerpo tampoco. El problema es haber convertido la comida en una herramienta emocional constante. Por eso castigarte, prohibirte alimentos o entrar en distintas guerras internas suele empeorar el problema a largo plazo. Porque el control extremo genera más ansiedad y la ansiedad acaba explotando.

El verdadero cambio empieza cuando dejas de luchar contra ti misma y empiezas a entender qué hay detrás del impulso por la comida.

Cómo empezar a romper el patrón

No hace falta hacerlo perfecto, solo hay que empezar a hacerlo de forma consciente.

1. Haz una pausa antes de comer

No para prohibirte nada, solo para darte tiempo de entender si es hambre de verdad o si lo que necesitas es otra cosa.

2. Identifica qué emoción aparece antes

Es el estrés, la soledad, el cansancio, el aburrimiento, la ansiedad, la (auto)exigencia, el miedo. La comida muchas veces es solo el síntoma visible pero hay algo antes que te pasa desapercibido.

3. Reduce el juicio

No te hables mal porque ni eres débil ni estás rota ni mucho menos estás sentenciada, solo es un patrón que has aprendido y los patrones se pueden cambiar.

4. Aprende a darte otras respuestas

En lugar de recurrir a la comida mejor respira, sal a caminar, date una ducha, escribe, descansa, habla con alguien, para durante 5 minutos... Busca otras formas de distraer tu mente porque el cerebro necesita hacer otras asociaciones nuevas, otras formas de conseguir ese alivio momentáneo.

La conciencia cambia más que la fuerza de voluntad

Muchas de nosotras pasamos años intentando controlar la comida, sin darnos cuenta de que ese no es el problema de verdad, sino el vacío o la ansiedad o la desconexión o cualquier sentimiento que escondemos detrás de esa respuesta. 

Por eso el cambio real empieza en la forma en que nos hablamos, nos cuidamos o nos escuchamos cuando no hay nadie mirando.

No luches contigo, hay otras opciones y entenderte es lo primero.

Soy Vanesa Moliner, escritora y creadora de recursos para transformar tu mente, ordenar tu vida y activar tu éxito.

Si te gusta reflexionar sobre la vida y el crecimiento personal, puedes leer más en vanesamoliner.com o unirte a mi comunidad en Patreon.

Y si necesitas más información te recomiendo mi libro:

Dejar de darse atracones es fácil


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