Estoy a dos días de mi cumpleaños número 46 y en este pequeño balance de mi yo de hoy, me siento fuerte, rozando un momento muy positivo y potente de mi vida.
Muchas veces a las mujeres nos cuesta tanto justo eso... concedernos tiempo, cuidarnos a nosotras mismas, escuchar nuestras necesidades y darles créditos sin sentirnos culpables.
Quizás la historia o los últimos siglos, nos colocaron en otro lugar, en un puesto de cuidadoras, de dadoras, de quienes viven para complacer, para situarse en un escalón por debajo. Pero déjame decirte que eso a veces nos lastra, nos exprime y nos roba toda la energía.
¿Quieres cuidar? Perfecto, pero eso no está reñido con respetarte a ti misma, con cuidarte también a ti, con atender tus propias necesidades. Y si no quieres ¡perfecto también! Porque ahora puedes escoger, hoy puedes trazar tu propio camino, con claridad, con autoridad y con todo el derecho del mundo.
Stephen Hawking decía “por muy difícil que parezca la vida, siempre hay algo que puedes hacer y en lo que puedes tener éxito”. Sin duda él lo consiguió y su vida simbolizó la capacidad del intelecto humano para superar limitaciones físicas y acercar la ciencia a millones de personas.
Helen Keller quedó sorda y ciega a los 19 meses. Aun así, aprendió a comunicarse, se graduó en la universidad y se convirtió en escritora y activista internacional.
Wilma Rudolph sufrió polio de niña y los médicos dijeron que no volvería a caminar. Sin embargo, terminó ganando tres medallas de oro olímpicas en velocidad.
Maya Angelou vivió pobreza, racismo y traumas en su infancia. Pero se convirtió en una de las escritoras y oradoras más influyentes del siglo XX.
Malala Yousafzai sobrevivió a un atentado por defender el derecho de las niñas a estudiar, frente al extremismo talibán y se convirtió en la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz.
Ahora yo solo te pido que te des una oportunidad hoy o, si lo prefieres, una oportunidad cada día del resto de tu vida, porque yo creo en ti y sé que tienes mucho que ofrecer, pero tienes que creer tú también y ofrecerte la oportunidad de intentarlo, sin pensamientos lastrantes, sin hablarte mal a ti misma, sin forzar, sin llevarte al límite, sin poner las necesidades de los demás siempre delante de las tuyas. Solo con pequeños pasos, con pequeños hitos y el primero puede ser ahora.

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