Ir al contenido principal

Estrés, cortisol y modo supervivencia: señales de alarma y cómo volver a sentirte tú

Hay una forma de vivir que muchas personas consideran normal, pero no lo es. Porque normalizamos dormir mal, sentirnos cansados incluso después de descansar, tener la mente saturada de pensamientos, reaccionar con irritación a cosas pequeñas o sentir que siempre hay algo pendiente.

Y muchas veces es simplemente tu cuerpo atrapado en modo supervivencia, algo de lo que debes salir, porque cuando el cuerpo vive demasiado tiempo en ese estado, empieza a pasar factura.


El cuerpo no está diseñado para vivir en alerta constante

El estrés no es el problema, es solo una respuesta natural del cuerpo para reaccionar ante un peligro. Así, cuando ocurre algo que exige reacción inmediata, como un susto, una discusión, un plazo urgente, un peligro, el organismo libera cortisol y adrenalina. Estas hormonas activan el sistema de alerta para "huir o pelear".

El corazón late más rápido, la atención se vuelve más intensa, la energía se concentra en sobrevivir a esa situación y, bueno, en pequeñas dosis, este mecanismo es útil. El problema aparece cuando esa alarma nunca se apaga.

Cuando el estrés se vuelve crónico

Nuestro cuerpo no distingue bien entre un peligro real y una presión constante. Para el sistema nervioso es muy parecido y tanto una amenaza física, como una sobrecarga laboral, una preocupación económica o incluso un conflicto emocional que no se resuelve, pueden ser la misma cosa.

Por eso, si estas situaciones se prolongan durante semanas o meses, el organismo empieza a comportarse como si siempre estuviera en emergencia, como si estuviéramos tratando de sobrevivir en medio de un campo de batalla. 

Y esto es lo que muchas personas viven sin darse cuenta: un modo supervivencia permanente.

Señales de que tu cuerpo está saturado de estrés

El estrés crónico no siempre se manifiesta como nerviosismo, a veces aparece en forma de fatiga constante, aunque duermas o de dificultad para concentrarte o también de cambios en el apetito o en forma de inflamación o molestias digestivas, tensión muscular frecuente, incluso sensación de saturación mental o como algo más difícil de explicar, como la sensación de no reconocerte del todo.

Entonces puedes creer que has perdido claridad mental o que tu mente está siempre un poco nublada. Pero todo sigue partiendo de la misma raíz.

El cortisol: el mensajero de la alerta

El cortisol es una hormona imprescindible porque regula la energía, el metabolismo, el sistema inmunitario y la respuesta al estrés. Pero cuando permanece elevado durante demasiado tiempo, empieza a afectar a muchos sistemas del cuerpo.

Puede influir en el descanso, en la memoria, en el estado de ánimo y en la inflamación del organismo. Por eso muchas personas que viven bajo estrés prolongado experimentan una mezcla extraña de síntomas:

  • Cansancio físico.
  • Agotamiento mental.
  • Irritabilidad emocional.

Como si todo estuviera funcionando… pero a medio gas.

El problema no es el cansancio, es la desconexión

Cuando el estrés se cronifica, muchas personas dejan de escucharse y, simplemente, siguen funcionando o cumpliendo con sus cometidos; siguen respondiendo a las exigencias externas. Pero vivir desconectado de nuestro ritmo interno puede ser un gran problema. 

El cuerpo empieza a enviar señales que, si las ignoramos, se vuelven cada vez más intensas, hasta que el cuerpo te obliga a parar.

Volver a sentirte tú

Por suerte para todos el cuerpo también sabe recuperarse. El sistema nervioso tiene una enorme capacidad de regulación cuando se le ofrecen las condiciones adecuadas. Así que no se trata de eliminar todo el estrés porque sería imposible, sino de recuperar pequeños espacios donde el cuerpo pueda salir del estado de alerta.

Por ejemplo, momentos de respiración real profunda, pausas sin estímulos constantes, sueño reparador, movimientos físicos suave, silencio mental, un paseo sin móvil ni música...

No parecen grandes cambios, pero para el sistema nervioso son señales claras de seguridad y cuando el cuerpo siente seguridad, empieza a apagar la alarma.

La claridad vuelve cuando el cuerpo se calma

Muchas personas intentan resolver el estrés con más esfuerzo, con más productividad, con más organización o más control, como si esas fueran las claves. Pero la claridad mental no llega por presión, llega cuando el sistema nervioso se relaja lo suficiente para volver a pensar con perspectiva.

Así, cuando el cuerpo deja de sentirse en peligro o cuando la mente deja de correr, entonces ocurre algo curioso, que la energía vuelve poco a poco, que las decisiones se vuelven más simples y que aparece una sensación que muchas personas llevaban tiempo sin experimentar, el volver a sentirse ellas mismas.

Escuchar las señales antes de que el cuerpo grite

El estrés no siempre se puede evitar, pero sí que se puede aprender a reconocer sus señales antes de que se acumulen. Así que fíjate en esa sensación de cansancio persistente, en si estás irritado o irritada con más frecuenia y en tu saturación mental.

Si están ahí no son fallos personales, son mensajes del cuerpo pidiendo regulación y pararte a escucharlos es un signo de inteligencia.

Una pregunta sencilla para empezar

Si hoy pudieras hacer solo un pequeño ajuste para cuidar tu sistema nervioso ¿cuál sería? ¿Dormir un poco más? ¿Reducir estímulos? ¿Salir a caminar? ¿Respirar con calma durante unos minutos?

No hace falta transformar toda la vida en un día, a veces basta con empezar por algo muy simple como darle al cuerpo un momento para salir del modo supervivencia. Y recordar que vivir no es solo resistir, también es volver a sentirse en casa dentro de uno mismo.

🌿 Soy Vanesa Moliner, escritora y creadora de recursos para transformar tu mente, ordenar tu vida y activar tu éxito.
Si te gusta reflexionar sobre la vida y el crecimiento personal, puedes leer más en vanesamoliner.com o unirte a mi comunidad en Patreon.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo que me salvó cuando toqué fondo (y cómo empezar de cero sin fingir que estás bien)

Hay momentos en los que ni el café es capaz de arreglar la situación, ni las frases motivadoras, ni las ganas de seguir como si todo fuera normal, haciendo lo de siempre y dejándote arrastrar por la inercia de la vida.  Para algunas puede que el maquillaje sea un salvavidas para esconderse del mundo Pero yo no tengo ese recursos porque ni sé maquillarme ni suelo hacerlo y las pocas veces que me pongo rímel acabo frotándome los ojos antes de salir de casa. Pero ¿qué pasa cuando tocas fondo, pero tienes que seguir cuidando de otros, trabajando o sonriendo?  Es duro, lo sé, creo que en ese momento de lucidez en el que cuerpo y mente se alían para decirte que no puedes seguir así, que no puedes soportar más esa situación, que necesitas liberarte o escapar o gritar o cambiar de vida o desaparecer, es en ese momento cuando oyes el chasquido final en el pozo y entiendes que eso es y tiene que ser el final de tu caída. Porque funcionar en automático a veces te salva. Te ayuda a curart...

Vivir en un pueblo con calma: maternidad, silencio y raíces

Vivir en un pueblo es una idea que a muchos de nosotros nos resultaba cada vez más atractiva, sobre todo después de la pandemia, pero no necesariamente motivada por eso. También el bullicio, los precios, la escasez de oferta inmobiliaria y otros factores han influido. Y sí, déjame decirte que siempre es una buena idea, aunque no apta para todo el mundo. La vida rural funciona a otro ritmo y eso se respira en el aire, sin duda. En algunos aspectos, es como trasladar tu paz mental a tu contexto más cercano o retroalimentar esa paz interior con un exterior acorde e inspirador. Al final ambas cosas pueden ser dependientes. Además, en la mayor parte de los pueblos hay un porcentaje de viviendas que solo se usan los fines de semana (o en vacaciones), por aquellos que huyen de las ciudades y prefieren pasar sus días de descanso en entornos más tranquilos y que les ayuden a desconectar, a dormir mejor y a disfrutar de una tranquilidad que no es fácil encontrar en los entornos urbanos. Y eso se...

Cómo combinar cetosis, longevidad y autofagia para lograr un cuerpo sano y sostenible

En los últimos años, la nutrición se ha convertido en un terreno donde confluyen distintas corrientes científicas que, a primera vista, parecen opuestas. La dieta cetogénica, los estudios de Valter Longo sobre longevidad, los del bioquímico Robb Wolf y las investigaciones de Yoshinori Ohsumi sobre la autofagia, entre otros muchos, han generado debates intensos entre profesionales de la salud y la comunidad científica. Y para mí, que llevo leyendo propuestas y estudios sobre alimentación desde que tengo memoria, esto empieza a ser demasiado complejo. Porque, desde que trabajé para empresas del sector médico, he comprendido de manera clara y cristalina que los azúcares son un auténtico veneno para nuestro cuerpo y una motivación para nuestro cerebro, que pueden generar dependencia en él y que están presentes en el desarrollo y crecimiento de tumores de diversos tipos, de hecho, son su alimento principal. Por lo tanto, huir de los azúcares refinados me parece coherente, pero ¿qué hay de t...