La vida no es infinita, aunque a veces vivamos como si lo fuera. Pero lo cierto es que cada día que despertamos es, en sí mismo, una oportunidad; la posibilidad de volver a empezar, de intentarlo otra vez, de hacerlo mejor, de ponerle más corazón. Quizá la última y precisamente por eso importa tanto.
En estos días la vida de mi abuelo se consume y si pudiéramos preguntarle él diría que quiere acabar cuanto antes y sin sufrir, que quiere ir en paz. Nosotros también lo deseamos, pero ni si quiera en eso parece que podamos escoger.
Él tiene 96 años y ha vivido mucho, se ha dedicado al trabajo, a la familia y ha sido posiblemente el verdadero hombre de mi vida. De corazón noble, fuerte y capaz de afrontar cualquier sacrificio. Con él se van valores que querría recuperar para mí, para mi hija y para esta vida y quiero celebrar la suya, la que llevó, la que nos contó a través de sus anécdotas y todo ese legado que se llama Rafael Moliner Castillo.
La oportunidad de hoy (que no se repite)
Nosotros aún seguimos aquí, trazando nuestro propio camino, que si va como tiene que ir será largo, quizás hasta los 96 años (apenas un suspiro), quizás menos, pero ahora es nuestro.
Y hay oportunidades que no vienen envueltas en grandes cambios ni hacen ruido para llamar nuestra atención ni llegan con fuegos artificiales para indicarnos por dónde ir. Porque a veces las oportunidades son tan simples como estas:
prestar más atención a quien quieres;
escuchar de verdad a un amigo;
cuidar mejor de ti;
decir “hasta aquí”;
atreverte a querer más, a soñar más;
o decidir que hoy no vas a vivir en piloto automático, que no vas a dejarte llevar por la inercia.
Eso también es crecimiento y también es valentía. Por eso te repito que no todo empieza con un giro radical o un cambio de vida total, sino con una sola decisión interna.
Víctimas del destino o protagonistas de nuestra historia
Hay un punto en la vida, no importa la edad que tengas, en el que tenemos que elegir desde dónde miramos lo que nos pasa, cuál escogemos que sea nuestra perspectiva.
Podemos vivir pensando que:
“esto es lo que me ha tocado y no puedo cambiarlo”;
“yo soy así”, como si el hecho de no evolucionar fuera un halago;
“ya es tarde para empezar o para hacer”;
“no depende de mí sino del destino o de la suerte o en lo que sea que te escudes”.
O podemos hacer algo más incómodo, pero infinitamente más liberador: asumir que, aunque no controlamos todo, sí elegimos cómo respondemos, cómo afrontamos todos esos retos o esas piedras que nos vamos encontrando en el camino.
Porque ser el protagonista tampoco significa tenerlo fácil, significa no delegar tu vida en la inercia, en el miedo, en el azar, en la genética o en el pasado. Significa hacerle frente con decisión y determinación porque nada es definitivo mientras sigues vivo.
Las oportunidades no se esperan: se van a buscar
Este es uno de los grandes malentendidos que nos frena, porque las oportunidades raramente llaman a la puerta mientras estamos sentados esperando a sentirnos listos para "hacer algo". Casi siempre aparecen cuando estamos en movimiento, cuando salimos a buscarlas.
Cuando haces algo aunque no tengas todas las respuestas, a pesar del miedo o de la duda; cuando das un paso sin tener garantías absolutas; cuando eliges actuar desde lo que puedes hacer hoy, no desde lo que te falta, es entonces cuando empiezas a entender que esperar a que todo encaje es una forma muy elegante de no moverte, pero que si te mueves solo puede salir bien, porque incluso en el fracaso estarás aprendiendo algo valioso.
Ir a por las oportunidades no es una imprudencia, es confianza en tu capacidad de aprender sobre la marcha.
Ser mejor no es ser perfecto
Querer ser mejor no significa exigirte más hasta agotarte, significa vivir con más intención.
Ser mejor es:
tratarte con más respeto;
corregir sin machacarte;
escuchar tus límites;
y crecer sin traicionarte.
No necesitas una vida nueva, solo una relación distinta con la que ya tienes, contigo mismo/a.
Hoy también cuenta
No subestimes lo que haces hoy, por pequeño que te parezca, porque es la suma de tus decisiones conscientes la que construye destinos mucho más sólidos que cualquier golpe de suerte.
Y es que la vida no se define solo por los grandes momentos, sino por cómo decides estar en los días normales, cómo vives tu día a día y hoy es uno de esos días normales. Así que no esperes, no te sientes a esperar que pase algo, no te escondas detrás de un “algún día” o de otras excusas.
La oportunidad más importante ya está aquí: estar viva/o, estar presente y poder elegir. Y eso, aunque a veces se nos olvide, es muchísimo.

Muchas gracias Vanesa. Esto al fin de al cabo, es crecimiento personal
ResponderEliminar