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Comer por ansiedad: cómo reconocerlo en el momento y qué hacer para cortar el impulso sin sentir culpa

Deja de castigarte porque no se trata de fuerza de voluntad y tampoco es que no sepas cuidar de ti misma. Comer por ansiedad es una respuesta aprendida, que se ha convertido en automática y que resulta muy eficaz, pero claro, eficaz hasta que deja de serlo y se convierte en un lastre para ti, tu cuerpo, tu bienestar o tus metas.

Y no, la comida no es el problema, pero sí lo que intentas tapar con esa comida, lo que quieres acallar con ella. Pero, como te he dicho, es algo aprendido y por eso mismo, si quieres, vas a poder reconocer el momento exacto en el que recurres a este impulso y así cortarlo sin castigarte después. Te ayudo.


Alimentación emocional: cuando no es hambre, es otra cosa

El hambre real avisa con tiempo, crece poco a poco si no le haces caso, se calma con casi cualquier comida y desaparece al comer. Pero la ansiedad no funciona así. La ansiedad llega de golpe, pide cosas concretas (como dulce, salado, cantidad) y no se sacia después de ingerir tu festín, solo se adormece hasta el siguiente asalto.

Estos son algunos signos claros de que lo que sientes no es hambre física:
  • Comes muy rápido, casi sin masticar.
  • Comes aunque estés llena.
  • Comes "a escondidas" o con sensación de urgencia.
  • Aparece la culpa incluso antes de terminar de comer.
La comida aquí funciona como anestesia emocional, aunque es breve, casa y tiene efectos secundarios.

Atracones: el bucle que se retroalimenta

Los atracones no empiezan realmente cuando comes demasiado, sino mucho antes y lo hacen con estas características:
  • Restricción mental sobre algún alimento (cuando piensas "esto no debería comerlo").
  • Cansancio acumulado, que te lleva a un estado mental más vulnerable.
  • Emociones no atendidas.
  • Autoexigencia constante.
Esto te lleva a comer de más o a darte el atracón y acto seguido aparece el sentimiento de culpa. Esa culpa genera más ansiedad y la ansiedad vuelve a pedir alimento para acallar su urgencia. ¿Ves el patrón?

Cómo reconocer el impulso justo cuando aparece

Aquí es donde está la clave de todo esto y es que no tienes que eliminar el impulso de lanzarte a la comida, solo rastrearlo unos minutos de forma consciente. Es decir, cuando notes ese deseo urgente de comer pregúntate:
  • ¿Estoy segura de que es hambre física?
  • ¿Qué emoción hay debajo? ¿Me siento cansada, sola, rabiosa, con miedo o vacío, ha pasado algo en este último momento previo al hambre?
  • ¿Qué necesito realmente ahora mismo?
Si no sabes responder, no pasa nada. El simple hecho de parar 30 segundos ya rompe el automatismo y quizás lo que sientas no es hambre, sino algún tipo de emoción a la que no puedes darle nombre en este momento.

Qué hacer para cortar el impulso (sin sentir culpa y sin luchar)

Lo primero es respirar antes de decidir. Prueba con esto: tres respiraciones lentas, nada más, solo para tratar de recuperar el control y evitar que el piloto automático (la acción aprendida) te sabotee.

Después prueba a cambiar de dirección (no de emoción), porque las emociones no desaparecen o se van porque sí, pero tú puedes responder a ellas de manera distinta así que prueba algo nuevo:
  • Toma una infusión.
  • Sal a algún balcón o a la calle y que te dé la luz natural.
  • Date una ducha corta.
  • Escribe dos líneas sobre lo que sientes.
  • Haz algún estiramiento o movimientos suaves con todo tu cuerpo.
Esto sí que es autocuidado real y así le estás dando a tu mente otras opciones, para que no recurra siempre a lo mismo. Este es un gran paso.

Y, finalmente, si comes que sea de forma consciente porque prohibirte comer podría empeorar el atracón. Así que, si decides comer, hazlo sentada, sin pantallas y sin castigarte por eso ¡olvida la culpa! Eso solo es gasolina para avivar el siguiente episodio o para adelantarlo.

Autocuidado real, no el de Instagram

El autocuidado real implica:
  • Dormir más y mejor.
  • Comer suficiente durante el día.
  • Dejar de exigirte y de buscar un control absoluto.
  • Escucharte antes de llegar al límite y tratarte con compasión.
Piensa que tu cuerpo solo se está defendiendo, así que baja el ritmo y cuídate. Piensa en cómo le hablarías a una buena amiga que está pasando por algo así y redirige todo ese cariño hacia ti misma.

Necesitas buscar tiempo para ti y permitirte sentir lo que sientas; expresarte, desahogarte y sacarlo todo fuera para no que haga falta buscar esa "anestesia emocional". Porque te recuerdo que comer por ansiedad no tiene nada que ver con la disciplina.

Ahora piensa, cada vez que paras, respiras y eliges otra respuesta (aunque luego igual comas), estás reprogramando el patrón de los atracones y eso ya es un cambio poderoso, pero ¿qué emoción sueles intentar callar con la comida? ¿Puedes darle nombre?

🌿 Soy Vanesa Moliner, escritora y creadora de recursos para transformar tu mente, ordenar tu vida y activar tu éxito.
Si te gusta reflexionar sobre la vida y el crecimiento personal, puedes leer más en vanesamoliner.com o unirte a mi comunidad en Patreon.

Y si necesitas más, busca mi libro "Dejar de darte atracones es fácil (si sabes cómo)", también en ebook.

¡Hasta el próximo viernes!

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